Un hombre que dejó la guerra en el afán de defender los abundantes terrenos y propiedades de su familia, los honores y comodidades que le correspondían por herencia y las seguridades de un mundo rendido a sus pies.
Una de sus frases para explicar el porque de su conversión: Háblales de la gran misericordia de Dios… A veces a la gente le ayuda contarles su propio pasado lamentable….
El amor por Cristo y la Virgen María inundaron su alma. Ambicionaba conquistar tierras lejanas para la fe católica, lejos de un mundo que no quería cambiar sus coordenadas por la radicalidad del Evangelio.
Recibe por gracia divina una visión tan amplia de que las diversas culturas lejanas allí podía nacer Jesucristo sin ejércitos, sin súbditos y a través de misioneros que llegasen a esas tierras con un corazón libre, sincero y generoso.
En la propia lengua, en la propia cultura y ámbito y en todo lo bueno que allí anidara. Su vida por este método evangelizador la entrego el jesuita San Francisco Xavier, patrón de las misiones.
En este Adviento 2025, asumamos contra corriente el llamado de uno de los santos de este tiempo quien nos indica el camino con su deceso a temprana edad por lo rígido de su entrega a la misión de la Iglesia despojada de toda seguridad terrenal, quien dijo:
Es imposible encontrar un santo que no se tomara en serio las “dos P”: oración y penitencia.

