Manifestación contra la escalada bélica en Irán, este sábado en Londres. GETTY IMAGES

La mayor escalada entre Estados Unidos e Irán en décadas se gestó entre el ataque en que murió un intérprete en diciembre y el bombardeo a dos bases iraquíes esta semana

PABLO GUIMÓN

Cuatro ataques. Un asalto a una embajada. Decenas de misiles. Más de 30 muertos, sin contar con los 176 pasajeros del avión que Irán reconoce haber derribado el miércoles con un misil en un “desastroso error”. El tenso equilibrio que había reinado en los últimos años entre Estados Unidos e Irán saltó definitivamente por los aires en una escalada bélica de 12 días que mantuvo al mundo en vilo. Esta es una reconstrucción de lo sucedido.

1. Un piso en Sacramento (California). Noor Alkahalili sintió que algo iba mal cuando su marido dejó de responder a sus mensajes de texto. Los malos augurios se confirmaron poco después, cuando llamaron a la puerta de su apartamento de un dormitorio en un humilde edificio de viviendas de alquiler en Arden Arcade, vecindario de Sacramento (California). Allí fuera, en la moqueta gris del estrecho pasillo, estaba un representante de Valiant Servicios Integrados, la única persona de la empresa para la que trabajaba su marido a la que Alkahalli conocía. Traía noticias terribles. El 27 de diciembre su marido, Nawres Waleed Hamid, de 33 años, había fallecido en un ataque con misiles a la base militar K1 cerca de Kirkuk, en Irak, donde trabajaba de intérprete para el Comando de Seguridad e Inteligencia del Ejército estadounidense. Washington acusó a la milicia Kateeb Hezbolá, facción paramilitar apoyada por Irán. “Sigue sin parecerme real. Ha sido difícil aceptar que ya no seguirá aquí”, declaró Alkhalli esta semana en el Sacramento Bee.

La mujer contó la noticia a sus dos hijos, de ocho y dos años. Estaba embarazada del mayor cuando se mudó con su marido de Irak a Estados Unidos. El pasado sábado enterraron a Hamid en el cementerio musulmán de Sacramento. En la ceremonia, a la que asistieron miembros de la creciente comunidad de inmigrantes iraquíes en el sur de California, no se mencionó la naturaleza de su muerte. Pero esta, para entonces, ya había detonado la que sería la escalada bélica más importante de las últimas décadas entre Irán y Estados Unidos.

2. Una villa a orillas del Tigris (Irak). A mediados de octubre, en una villa junto al río Tigris, al sur de Bagdad, el general Qasem Soleimani, de 62 años, considerado la segunda figura más poderosa de Irán después del ayatolá Alí Jamenei, celebraba una reunión con líderes milicianos chiíes. Allí estaba, entre otros, Abu Mahdi al Muhandis, el principal aliado del general iraní.

Soleimani había convocado la reunión para planear una estrategia de ataques a intereses estadounidenses en Irak utilizando sofisticado armamento proporcionado por Irán, según explicaron comandantes milicianos y fuentes de inteligencia a Reuters. Las protestas contra los manejos de Teherán ganaban peso en las calles de Irak, y Soleimani, arquitecto de las operaciones exteriores iraníes, buscaba provocar una respuesta estadounidense que redirigiera el foco de la furia popular hacia Washington, el otro principal pilar del Gobierno iraquí que se disputaba con Teherán la influencia en la región.

Soleimani, siempre según Reuters, propuso a los comandantes milicianos congregados formar una nueva facción paramilitar de bajo perfil, fuera del radar de la inteligencia norteamericana, que pudiera llevar a cabo ataques contra tropas estadounidenses alojadas en bases iraquíes. Kataeb Hezbolá, milicia fundada por Muhandis en 2003, durante la segunda guerra del Golfo, sería la encargada de coordinar el plan.

En los dos meses siguientes, las milicias proiraníes lanzaron 11 ataques a bases que alojan a militares o civiles estadounidenses, según un oficial citado por The New York Times. El 27 de diciembre, uno con más de 30 cohetes mató al intérprete Hamid. Fue la gota que colmó el vaso.

3. Una habitación sin vistas en Mar-a-Lago (Palm Beach, Florida). El sábado 28, altos cargos del Pentágono informaron de la situación al presidente Donald Trump, que se encontraba de vacaciones en su residencia de Mar-a-Lago, en Florida, y le explicaron las opciones de respuesta. La más extrema era la ejecución del general Soleimani, opción que, según The New York Times, fue añadida para que las otras parecieran más razonables. Trump la rechazó y autorizó, en cambio, una serie de bombardeos. Al día siguiente, cazas F-15E golpeaban cinco objetivos, tres en Irak y dos en Siria, controlados por la milicia Kateeb Hezbolá. Su portavoz dijo que los ataques produjeron al menos 25 muertos y medio centenar de heridos.

El domingo por la tarde, el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el de Defensa, Mark Esper, así como el general Mark Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto, volaron desde Washington a West Palm Beach. Aterrizaron a las 16.00, según la CNN, y fueron directamente a Mar-a-Lago para reunirse con el presidente. El cónclave se celebró en una sala sin ventanas, que Trump mandó construir en los sótanos del resort vacacional para albergar reuniones clasificadas. Le informaron en detalle sobre los ataques llevados a cabo en Irak y Siria, le explicaron las amenazas continuadas de Teherán y volvieron a repasar las diferentes opciones.

4. Embajada de Estados Unidos (Bagdad). El martes 31 de diciembre, tras los funerales por los milicianos muertos en los ataques estadounidenses, una multitud encolerizada se dirigió hacia la Embajada de Estados Unidos al grito de “Muerte a América”. Las fuerzas de seguridad iraquíes no hicieron ningún esfuerzo por frenar a los manifestantes, permitiéndoles atravesar un control de seguridad que lleva a la Zona Verde, el área fuertemente protegida de la capital donde se concentra la presencia occidental.

Los manifestantes, cerca de 10.000 en el momento álgido de la protesta, muchos de ellos milicianos, llegaron hasta el perímetro de la fortificada legación diplomática. Lanzaron piedras, prendieron fuego a tres tráileres utilizados por los vigilantes de seguridad, destrozaron una zona de recepción. Docenas lograron incluso a irrumpir en el perímetro, quedándose a 200 metros del edificio de la embajada. Parte del personal fue evacuado por una puerta trasera, según contó un empleado a Associated Press, otros abandonaron el lugar en helicópteros, y el resto se quedó en zonas seguras del complejo. El embajador estaba fuera, según el Departamento de Estado, en un viaje personal.

El presidente Trump, en Mar-a-Lago, veía las humillantes imágenes en televisión. El miércoles, las protestas ante la embajada se habían disuelto. En la tarde del jueves, para estupefacción de algunos oficiales del Pentágono, Trump ordenó matar a Soleimani. La decisión, insiste la Administración, obedeció a la “amenaza inminente” de un ataque contra intereses estadounidenses en la región. También, como desvelaría este viernes The Washington Post, se ordenó otra operación en Yemen para acabar con Abdul Reza Shahlai, comandante de la fuerza Al Quds de la Guardia Revolucionaria, pero esta no prosperó.

5. Aeropuerto Internacional de Bagdad. El general Soleimani aterrizaba el viernes 3 en un avión procedente de Damasco. El Comando de Operaciones Especiales estadounidense esperaba su aterrizaje. La decisión de atacar dependería de quién acudía a recibirlo. Si iba alguien del Gobierno iraquí, se abortaría la operación. Pero resultó que acudieron a recibirlo miembros de Kateed Hezbolá, incluido su líder, Abu Mahdi al-Muhandis, que le recibió en la pista. Se metieron en dos coches y, cuando salía del aeropuerto, el convoy fue alcanzado por misiles disparados desde un dron MQ-9 Reaper. Soleimani y Al Muhandis fallecían. Comenzaba la agónica espera a la represalia de Irán.

6. Sala de emergencias de la Casa Blanca (Washington). El martes era el día. Así lo indicaban los movimientos de los arsenales de misiles iraníes captados por los satélites espía estadounidenses y las comunicaciones entre los líderes militares interceptadas por la Agencia de Seguridad Nacional. Hubo varios reportes de amenazas, según The New York Times, pero eran lo suficientemente vagos como para no interrumpir la agenda del presidente, ya de vuelta de Mar-a-Lago, que incluía una reunión con el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis.

Poco después de las dos de la tarde llegó un aviso urgente de los servicios de inteligencia, lo que se conoce en la jerga como un “graznido”, que alertaba de un ataque inminente a tropas estadounidenses en Irak. La especificidad de este último llevó al vicepresidente Pence y a Robert O’Brien, consejero de Seguridad Nacional, a bajar a la sala de emergencias de la Casa Blanca, en los sótanos del Ala Oeste, donde se empezaban a congregar los altos oficiales. Trump se unió al concluir su comparecencia con Mitsotakis en el Despacho Oval. Tres horas después, 16 misiles Fateh 110 y Shahab lanzados desde tres puntos en Irán impactaban en dos bases iraquíes que acogían a fuerzas estadounidenses: la de Al Sad, en el oeste del país, y la de Erbil, en el Kurdistán iraquí.

La alerta permitió evacuar las bases: los cohetes apenas destrozaron hangares de aviones vacíos, un helicóptero Black Hawk, un dron de reconocimiento, partes de una torre de control y varias tiendas de campaña. No hubo daños personales.

Trump y Pence realizaron una ronda de llamadas a líderes del Congreso. Incluso los más halcones sugerían contención. Se habló de la conveniencia de que Trump dirigiera un mensaje a la nación. Circularon más de media docena borradores, según The New York Times, en los que trabajaron, entre otros, Pence y Jared Kushner, yerno del presidente. A las 11.25 del miércoles, el presidente pronunciaba su mensaje a la nación. «El pueblo estadounidense debería estar agradecido y contento. No hubo ningún herido, no sufrimos víctimas, y solo un mínimo daño en nuestras bases militares», decía. «Irán parece estar retirándose y eso es una buena cosa para Estados Unidos y para el mundo». El mundo, al menos por el momento, respiraba.

Fuente: El País