Según un informe del Observatorio de Medio Ambiente y Salud de DKV y Ecodes,  consumimos alrededor de 21 gramos de este material por mes, lo que afecta a nuestro organismo a largo plazo

Si no se reduce su uso, hacia 2050 habrá más microplásticos que peces en los mares

Los números son contundentes, pero a veces es difícil tomar conciencia de ellos: en 2017, un informe de la ONU contó 51 billones de microplásticos en el mar. Esto es más que la cantidad de estrellas que hay en nuestra galaxia, la Vía Láctea.

Decir que 8 toneladas de plásticos llegan a los mares por año quiere decir, más gráficamente, que se podrían coger 800 torres Eiffel y arrojarlas al mar. Así se tendría una idea del volumen de contaminación que implica ese dato. O 14.285 aviones Airbus A380. O 34 islas de Manhattan.

Esto último puede ser incluso literal. Las islas de basura existen y se han identificado en distintos puntos del planeta. La más grande se encuentra entre California y Hawaii, y ocupa 1,6 millones de km2, es decir, tres veces el tamaño de Francia. Aunque es la isla de basura más grande conocida, no es la única: hay una más en el océano Pacífico, dos en el Atlántico y otra en el Índico. De seguir así, en 2050 habrá más plástico que peces en el mar.

En los mares se han encontrado toneladas de plásticos que impactan en la fauna marina y luego, en nuestro organismo
En los mares se han encontrado toneladas de plásticos que impactan en la fauna marina y luego, en nuestro organismo.

Por eso, el problema de los plásticos no es el volumen que producimos en sí, sino sus consecuencias que no solo pesan en el ecosistema marino: las personas estamos comiendo plástico sin saberlo. Según indica el informe “Contaminación por plásticos. Uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI” del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de DKV y Ecodes, ingerimos el equivalente a una tarjeta de crédito por semana en plásticos. Esto es igual a 21 gramos por mes. Ante lo inverosímil, la ciencia explica: “Lo consumimos en forma de microplásticos, que son piezas diminutas de este material, de un diámetro inferior a 5 milímetros (entre el tamaño de una hormiga y el de un virus)”, dice Mario Rodríguez Vargas, experto de la Fundación de Ecología y Desarrollo Ecodes, y exdirector de Greenpeace.

Pero ¿cómo llegan a nuestro cuerpo? Como todas las partículas: las respiramos, bebemos, ingerimos, aunque no sean visibles. Según el investigador, estos microplásticos pueden originarse de dos maneras. Algunos se producen deliberadamente en este tamaño, como las microesferas presentes en muchas pastas de dientes, exfoliantes o detergentes y multitud de otros productos de uso industrial y agrícola, que llegan directamente a ríos, embalses y mares a través del aire, del desagüe o por arrastre con la lluvia. Otros, son los microplásticos que derivan de productos de mayor tamaño que se han degradado por su exposición a la luz ultravioleta, el viento, el agua o microorganismos.

La salud, en alerta

Se han encontrado restos de microplásticos en el agua potable. Consumirlos puede traer graves consecuencias para la salud
Se han encontrado restos de microplásticos en el agua potable. Consumirlos puede traer graves consecuencias para la salud.

Tal como se explica en el estudio “Naturaleza sin plástico: evaluación de la ingestión humana de plásticos presentes en la naturaleza”, elaborado por Dalberg Advisors para la World Wildlife Fund (WWF), la mayor parte de ingestión por plásticos es por el agua potable (subterránea, superficial, del grifo y embotellada).

Por todo el mundo se han encontrado fibras de plástico en el agua de grifo, aunque con grandes variaciones regionales. Por ejemplo, en Estados Unidos e India se observaron el doble de fibras de plástico que en Europa o Indonesia.

Otra fuente de microplásticos son los crustáceos que, si son consumidos diariamente, aportarían 0,5 gramos.

En los mares se han encontrado toneladas de plásticos que impactan en la fauna marina y luego, en nuestro organismo.
Reducir, reutilizar y reciclar los plásticos son las claves para combatir el problema.

Según explica Mario Rodríguez Vargas, las consecuencias para la salud son muchas: “Producen efectos como infertilidad en los hombres, problemas de fecundidad en las mujeres, problemas cardiovasculares, en el sistema nervioso… Son potenciales carcinogénicos. Liberan disruptores endocrinos que afectan a la tiroides, los testículos, las glándulas mamarias”. Rodríguez alerta, además, de que los efectos “se ven a largo plazo, no son inmediatos”.

Los disruptores endocrinos están presentes en los envases alimentarios de plástico, generalmente botellas y en los productos cosméticos y de higiene (no solo en los envases, también como ingredientes).

Tal como se denuncia en el blog libresdecontaminanteshormonales.org impulsado por la ONG Ecologistas en Acción, la Sociedad Internacional de Endocrinología advirtió de que estos disruptores endocrinos son sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal lo que puede desencadenar “disminución del número de espermatozoides, pubertad precoz en niñas, diabetes tipo 2, obesidad, daños en el desarrollo cerebral infantil o cáncer de mama y próstata”.

¿DE DÓNDE PROVIENEN LOS MICROPLÁSTICOS?

El 35 % proviene del lavado de ropa sintética.

​El 28 % tiene su origen en la abrasión de los neumáticos en la conducción.

​El 2 % son microplásticos agregados intencionalmente en productos de cuidado personal y limpieza.

​También se originan a partir de la degradación de grandes objetos de plástico, como bolsas de plásticos, botellas o redes de pesca.

​Un tercio de estos microplásticos terminan en suelos o masas de agua dulce.

​Los microplásticos entran en los seres vivos a través del aire que respiramos y por los alimentos y las bebidas que tomamos.

La historia centenaria de los plásticos

La gran paradoja es que los plásticos se originaron con un buen propósito: sustituir el marfil como materia prima para la fabricación de bolas de billar, teclas de piano, entre otros objetos. En 1860, un concurso en Nueva York invitó a inventar un material que pudiera utilizarse en vez del marfil. Ganó John Hyatt, inventor del celuloide. Con muchas innovaciones en el camino, llegamos a los plásticos de hoy, que se usan hasta para envolver un plátano o un aguacate.

Reducir el consumo de plásticos es clave para combatir esta problemática
Generalmente se habla de microplásticos cuando se trata de artículas de menos de 5 mm: pueden ser como una hormiga o microscópicos, como un virus.

Aunque, en julio de este año, la Unión Europea anunció que la venta de pajitas, cubiertos, platos, bastoncillos de algodón y envases de poliestireno para alimentos, entre otros productos de plástico de un solo uso, quedaba prohibida en la región, la medida no entrará en vigor en España hasta el 1 de enero de 2023, como parte de la Ley de residuos y suelos contaminados, que se encuentra pendiente de tramitación. Una vez que se implemente, la alternativa a estos plásticos de usar y tirar serán productos similares pero fabricados de papel, cartón o fibras naturales.

Cuando la música sana

Hay más plásticos que estrellas en la Vía Láctea y te los estás comiendo: cómo impactan en la salud

La banda de música pop española Dvicio compuso una canción para sumar su aporte a la causa. Se titula “Hazlo por ti”, y busca llamar la atención sobre la importancia de la acción individual para ayudar al planeta. Se trata de la segunda entrega de la iniciativa Canciones para los que no quieren escuchar, el proyecto de DKV para, a través de la música, concienciar sobre la relación directa que existe entre la salud de las personas y el medio ambiente. La primera canción fue estrenada por India Martínez y se tituló “Dejamos de respirarnos”.

La iniciativa, que contará con las composiciones de varios artistas españoles sobre diferentes problemas medioambientales, va dirigida, sobre todo «a los que todavía no dan la importancia que merece al cambio climático, a la contaminación y a sus consecuencias en la salud», según el consejero delegado de de DKV, Josep Santacreu. La canción de Dvicio ya está disponible en todas las plataformas.

Cómo se combate a los microplásticos

Tal como consta en el informe del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de DKV y Ecodes, hay maneras de reducir el uso de plásticos en el día a día siguiendo estos consejos:

-No usar bolsas de plástico y rechazar las que ofrecen en las tiendas.

-Evitar el agua embotellada: pedir agua del grifo o usar una botella rellenable, de acero inoxidable o vidrio.

-Evitar los envases, las pajitas y utensilios de plástico. Intentar comprar productos sin envasar optando por la compra a granel o al peso. Optar por el vidrio para almacenar los alimentos, evita las bolsas, el papel film y los recipientes de plástico. en tus cosméticos y otros productos de higiene.

-Evitar los microplásticos en tus productos de limpieza y cosméticos: para ello, hay que elegir aquellos que no contengan polietileno (Pe), polipropileno (PP), cloruro de polivinilo, polietileno glycol (Peg- seguido de un número), polimetacrilato de metilo (PMMa), tereftalato de polietileno (Pet) o nylon.

-Elegir productos de materiales biodegradables: hay alternativas como peines de madera, esponjas de celulosa o cubertería de cerámica.

Fuente: lavanguardia.com