BUDISMO: EL ARTE DE LA FELICIDAD. SU SANTIDAD DALAI LAMA Y HOWARD C. CUTLER.

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EL ARTE DE LA FELICIDAD: Un nuevo mensaje para nuestra vida cotidiana, Dalai Lama y Howard C. Cutler, M. D., 1999 GRIJALBO MONDADORI, S.A. Barcelona: 2001, es el título de la recensión del libro citado que he hecho como trabajo final de la asignatura de Budismo.

Dalai Lama en una seria de entrevistas realizada por el Psiquiatra Howard C. Cutler, explica que la felicidad no es un don, sino un arte que exige voluntad y práctica en la vida diaria.

La introducción comienza con una afirmación categórica: todos somos iguales; todos somos seres humanos, compuestos de un cuerpo humano y una mente humana. Dirá el Dalai: ¨Cada vez que conozco a una persona tengo la sensación de que me encuentro con un ser humano como yo mismo¨ (pag. 5).

Esta obra recopila el conjunto de sus creencias prácticas para ser utilizadas por quienes no son budistas, para ser simplemente más felices, fuertes y, menos temerosos, necesidad de la sociedad occidental moderna donde domina la ciencia con la idea limitadora de que todo se puede explorar dentro de la estructura de una sola vida, y la combináis con la noción todo puede y tiene que ser explicado

En el budismo se cree en una vida anterior. A partir esto el Psiquiatra Cutler relaciona al budismo con experiencias similares del inconsciente de la psicología occidental.

Este libro no es solo una obra de autoayuda convencional sino una nota de esperanza, basado en la convicción de que la felicidad verdadera y perpetua no es nada fácil, pero posible de conseguirse. Esta es la enseñanza del Dalai Lama partiendo de la dulzura y la bondad presentes en todos los seres humanos, junto a la compasión, la amabilidad y un sentido de comunidad entre todas las criaturas vivas. No es un dogma, sino experiencia de vida similar en las diversas culturas.

En la primera parte, se define ¨El propósito de la vida¨ como el buscar la felicidad desde un nivel humano básico, mediante el entrenamiento de la mente, en contra de la depresión, ansiedad, conflictos internos o problemas de relación.

El Dalai Lama recalca la disciplina interna como camino de transformación de toda perspectiva de vida que es voluntad sencilla de abrirse a los demás, de crear un clima de afinidad y buena voluntad, porque nuestros días están contados. Afirmación de sentido común, con la que muchos pensadores occidentales han estado de acuerdo.

Las personas desdichadas, dice el Dalai, son las que tienden a estar más centradas en sí mismas; son a menudo retraídas, melancólicas e incluso propensas a la enemistad. Las personas felices, por el contrario, son generalmente más sociables, flexibles y creativas, más capaces de tolerar las frustraciones cotidianas y, lo que es más importante, son más cariñosas y compasivas que las personas desdichadas. Las personas felices poseen una voluntad de acercamiento y ayuda con respecto a los demás. Son más amables.

La felicidad está determinada más por el estado mental que por los acontecimientos externos. Siempre regresamos a un nivel habitual de ánimo.

La comparación constante con quienes son más listos, más atractivos y obtienen más triunfos que nosotros tiende a alimentar la envidia, la frustración y la infelicidad. Pero también podemos utilizar esta actitud de una forma positiva; es posible intensificar nuestra sensación de satisfacción vital paragonándonos con aquellos que son menos afortunados y apreciando lo que poseemos. Pero ninguna de estas dos actitudes son saludables.

En el budismo se habla de los cuatro factores de la realización o felicidad: riqueza, satisfacción mundana, espiritualidad e iluminación. Juntos, abarcan la totalidad de las expectativas de felicidad de un individuo.

La buena salud, posesiones materiales, un círculo de amigos son, de hecho, fuentes de felicidad. Pero para que un individuo pueda utilizarlos plenamente con el propósito de disfrutar de una vida feliz y realizada, la clave se encuentra en el estado de ánimo. Si se abrigan sentimientos de odio o de intensa cólera se destruyen así las circunstancias favorables. Pero hay deseos, según el Dalai Lama, que son positivos y útiles, otros pueden producir problemas, confirmados por los resultados finales de las acciones en consecuencia. Es mucho más fiable querer y apreciar lo que tenemos.

Otra fuente interna de felicidad, es la conciencia del valor propio como miembro de la comunidad humana. Y ese vínculo es suficiente para crear una conciencia de valor y dignidad y puede convertirse en un consuelo en el caso de que pierdas todo.

Alcanzar la felicidad no significa negar que debemos satisfacer nuestras necesidades físicas básicas de alimentación, vestidlo y cobijo. Pero, una vez satisfechas esas necesidades, el mensaje es claro: no necesitamos más dinero, ni más éxito o fama, no necesitamos tener un cuerpo perfecto ni una pareja perfecta… en este momento tenemos ya una mente con todo lo imprescindible para alcanzar la completa felicidad.

La auténtica felicidad se relaciona más con la mente que con el corazón. La gente confunde felicidad con placer, pero la felicidad más alta se produce al llegar a la fase de liberación, en la que ya no existe más sufrimiento.

El primer paso en la búsqueda de la felicidad es aprender cómo las emociones y los comportamientos negativos son nocivos y cómo las emociones positivas son útiles.

En el budismo se acepta el principio de causalidad como una ley natural. Si se producen ciertos acontecimientos indeseables, el mejor método para asegurarse de que no vuelvan a ocurrir es procurar que no se repitan las condiciones que los producen.

Cuando la persona se siente llena de odio o de emociones negativas, todo nos parece hostil. La consecuencia es que hay más temor, una mayor inhibición e indecisión una sensación de inseguridad, que al igual que la soledad, se desarrollan en un mundo que se considera hostil.

Cultivar los estados mentales positivos, como la amabilidad y la compasión, conduce decididamente a una mejor salud psicológica y a la felicidad. Un clasificar las emociones simplemente sobre la base de si conducen o no a la felicidad última.

El entrenamiento de la mente para la felicidad pasa por la disciplina mental ética. A medida que se intensifican las prácticas positivas, disminuyen los comportamientos negativos. La práctica del Dharma como enseñanzas y doctrina de Buda, incluido el cuerpo tradicional de escrituras, así como el estilo de vida y la conciencia que se derivan de la aplicación de las enseñanzas, es una batalla constante que trata de sustituir el condicionamiento o la costumbre negativa por un condicionamiento positivo.

Todos poseemos la base para ser felices, pero esto no puede alcanzarse cuando hay emociones o pensamientos negativos resultado del intelecto, de la inteligencia desequilibrada, del mal uso de ella, o de nuestra imaginación.

La visión del Dalai Lama sobre la naturaleza compasiva de los seres humanos se afirma desde la tendencia a establecer estrechos vínculos con los demás, actuando en favor del bienestar colectivo, puede estar profundamente enraizada en la naturaleza humana.

La comunicación como un abrirse para ayudar a los demás es fundamental para nuestra naturaleza. Por ello, en la segunda parte de la obra se aborda un nuevo modelo de relación íntima en cuanto estimular la actitud compasiva en la mente hacia los demás.

La doctrina budista del campo de mérito, las huellas positivas en la mente, o «continuum mental», como resultado de acciones positivas, exige interacción con los demás y determina las condiciones de los renacimientos futuros, por el respeto, fe y confianza en los budas, en los seres iluminados, y practicar la amabilidad, la generosidad, la tolerancia, y evitar acciones negativas: matar, robar y mentir.

El consejo del Dalai Lama de «conocer los antecedentes» de las personas no es superficial. De ahí está la importancia de basar una relación íntima o matrimonial en algo más que en el sexo. Esto parece ser una necesidad humana, universal e inconsciente; fundirse con el otro, derribar las fronteras, llegar a ser uno solo con el ser querido. Cutler dice que los psicólogos llaman a esto el hundimiento de las fronteras del ego.

EL Dalai Lama afirma sin vacilar, que la búsqueda del romanticismo es algo negativo y nos anima a examinar la base de nuestros vínculos. La atracción sexual, e incluso la intensa sensación de enamoramiento, pueden tener un papel en la creación del vínculo inicial entre dos personas, pero, este factor debe mezclarse con afecto, compasión y respeto mutuo. Esas cualidades nos permiten alcanzar una vinculación más profunda y significativa, no sólo de cónyuges, sino también con amigos, conocidos e incluso personas totalmente extrañas; es decir, virtualmente con todos los seres humanos.

Sobre la base del reconocimiento de igualdad, se desarrolla un sentido de afinidad. Tomando esto como fundamento, se puede sentir compasión por el otro, al margen de considerarlo amigo o enemigo. Tal compasión se basa en los derechos fundamentales del otro y no en nuestra proyección mental. De ese modo, se genera amor y la verdadera compasión, que supone, por definición, abrirse al sufrimiento del otro, compartirlo.

En la tradición del budismo Mahayana encontramos o el «método de los siete puntos de causa-efecto» y el «intercambio e igualdad de uno mismo con los demás». Esta última se encuentra en el octavo capítulo de Guía del estilo de vida del Bodhisattva, de Shantideva que permite como explica la tercera parte de la obra, la ¨Transformación del sufrimiento¨.

La ley de la muerte dicta que no hay permanencia entre las criaturas vivas. Nadie se libra del sufrimiento y la pérdida. El sufrimiento sólo se puede evitar temporalmente, después invariablemente se encona y empeora.

Casi todos conocemos a alguien que evita los problemas proyectándolos sobre los demás, atribuyendo a los otros sus propios defectos.

En nuestras vidas abundan los problemas. Los mayores son los que no podremos evitar, como el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. El Dalai Lama habla del sufrimiento humanó y la necesidad de aceptar como un hecho natural de la existencia humana. Si se dedica algún tiempo a pensar en la vejez, la muerte y otras cosas infortunadas, la mente tendrá más estabilidad cuando esas cosas acontezcan, puesto que ya se habrá familiarizado con su naturaleza.

Comprender que el sufrimiento es la naturaleza fundamental del Samsara, estado de la existencia caracterizado por interminables ciclos de vida, muerte y renacimiento, consecuencia de las improntas kármicas de acciones pasadas y de estados «engañosos» de la mente, hasta que se eliminan todas las tendencias negativas de la mente y se alcanza un estado de liberación de la existencia no iluminada, es la explicación del budismo a estas realidades.

Lo primero que Buda enseñó fue el principio de las cuatro nobles verdades, la primera es la verdad del sufrimiento. Y al eliminar sus causas que son la ignorancia, el anhelo y el odio, llamados “los tres venenos de la mente”, se llega a la liberación.

Ante la muerte, la reencarnación para el budismo es consuelo.

Purificar la mente para alcanzar un estado en el que no hay más sufrimiento, sino «sufrimiento del cambio» que mediante la contemplación de la no permanencia se adquiere la capacidad de ver los acontecimientos desde perspectivas diferentes para que en próximas tragedias se pueda desarrollar la serenidad de la mente, porque cada fenómeno, cada acontecimiento, tiene aspectos diferentes., pero todos tienen una naturaleza relativa.

Se ha de observar cuidadosamente aquello que ha molestado, y descubrir que eso proporciona ciertas oportunidades que, de otro modo, no se habrían tenido. Esto permite transformar por completo la actitud hacia los enemigos y empezar a apreciarlos., porque para alguien que practica la espiritualidad, los enemigos juegan un papel crucial.

El recitado de Ocho versículos sobre la educación de la mente en el budismo sirve para reconciliarse y para la liberación al tratar de poner en práctica el cambio de perspectiva con respecto al «enemigo».

La compasión es la esencia de la vida espiritual y para alcanzar una práctica cabal del amor y la compasión, es indispensable la práctica de la paciencia y la tolerancia. No hay fortaleza similar a la paciencia, no hay peor aflicción que el odio. Se ha de de venerar al enemigo por las oportunidades de crecimiento que nos depara.

Esta capacidad para cambiar de perspectiva, para ver los problemas «desde ángulos diferentes», guarda relación con la flexibilidad de la mente. El beneficio fundamental de esta flexibilidad es que nos permite abarcar toda la existencia, sentimos plenamente vivos, experimentar toda la dimensión de nuestra humanidad.

Adoptar una perspectiva más amplia supone trabajar solidariamente con otras personas cuando se producen catástrofes gigantescas, medio ambientales o económicas.

Ser flexible, tener una perspectiva más amplia, exige capacidad para abordar los problemas desde varios niveles: el individual, el de la comunidad y el global, y deberíamos tener muy claro cuál es nuestro objetivo final: que todo el mundo quede desmilitarizado. El cambio debe proceder de dentro del individuo. Pero cuando se buscan soluciones a los problemas globales, se necesita abordar esos problemas desde los puntos de vista del individuo y del conjunto de la sociedad. Por tanto debemos trabajar para desarrollar paz interior y al mismo tiempo trabajar por el desarme externo y la paz tanto como podamos.

Es preciso buscar el equilibrio para la salud física y emocional de la persona, evitar los extremos y, elegir siempre el camino medio, gracias a la educación y el conocimiento que amplían la perspectiva.

La visión limitada conduce al pensamiento extremista. Dice el Dalai Lama que la idea de que todo el mundo debiera ser budista es un caso de extremismo, y esa actitud causa problemas. Entrar en contacto con otras tradiciones religiosas acerca más a la realidad

La cuarta parte de esta obra trata del ¨Superar los obstáculos¨ ante el sufrimiento, que puede contribuir a sacar lo mejor de nosotros. Aunque el sufrimiento sirva a veces para endurecernos, llega a ser valioso al ablandarnos, haciéndonos más sensibles.

La vulnerabilidad que experimentamos en nuestro sufrimiento suele producir una apertura y profundiza nuestra conexión con los demás. En esto consiste la meditación Tong-len, o «dar y recibir», que protege de un dolor psicológico innecesario al experimentar sufrimiento, que pueda salvar a otros que pasen por la misma experiencia y reducir la arrogancia, porque ayuda a desarrollar la empatía, que nos permite acercamos a los sentimientos y el sufrimiento de los demás, aumenta nuestra capacidad para la compasión, y nos ayuda por tanto a conectar con los demás.
Tenemos que efectuar una distinción entre el dolor que percibimos y el que creamos mediante nuestros pensamientos. El temor, la cólera, la culpabilidad, la soledad y la impotencia son respuestas capaces de intensificar el dolor.

Con la enseñanza del Dalai Lama del Tong-len, podemos aumentar nuestra compasión, al visualizar a otros que pasan por un sufrimiento similar, al absorber y disolver su sufrimiento en el propio, como un sufrimiento por delegación para contrarrestar nuestro
egoísmo. Aumenta el poder y la fortaleza de nuestra mente al intensificar nuestra capacidad para abrimos al sufrimiento de otros.

Hay efectos destructivos del vivir sin el dolor de los otros. El dolor obliga al organismo a afrontar el problema del sufrimiento, y a asumir sobre sí mismo todo el sufrimiento de la pobreza, el hambre y la privación de los demás y ofrecerle mentalmente posesiones, riqueza y éxitos propios.

Las necesidades de la mayoría deben anteponerse a las de la minoría. Las necesidades del grupo son más importantes que las del individuo. Se puede entrenar la mente mediante una visualización de dar y recibir en el momento de espirar e inhalar.

El Dalai Lama es la más alta reencarnación de Buda, pero el mismo comparte sus experiencias y su necesidad de disciplina vivida seriamente por el budismo. En poco tiempo no se puede hacer un gran cambio. La proliferación de técnicas y terapias de autoayuda para «soluciones rápidas» no traen consigo la felicidad. Se necesitan los factores esenciales de la determinación, esfuerzo y tiempo. Para un budista, el fin último es muy elevado: la plena iluminación. Para ello se necesitan expectativas realistas y esperanza, pues sin aspiraciones, no puede haber progreso. Pensar: “Soy un ser humano” para eliminar el Nyon Mong en tibetano, o Klesha en sánscrito. Este término significa literalmente “aquello que aflige desde dentro” o “ilusiones” por su tendencia a destruir la calma.

Hay que encontrar el equilibrio adecuado. La esperanza se ayuda por la educación como primer paso, para producir la transformación interna, en lugar de prácticas espirituales más trascendentales o místicas.
El budismo depende mucho más del razonamiento y la formación de la mente que de la fe. En algunos aspectos, el budismo del Dalai Lama se parece a una ciencia de la mente, un sistema cuya aplicación se asemeja a la psicoterapia. Pero lo que el Dalai Lama sugiere es cultivar los atributos positivos, el amor, la compasión, la paciencia y la generosidad, como armas purificadoras de los estados mentales negativos, causas significativas de enfermedad y muerte prematura.

Hay una muy estrecha conexión entre humildad y paciencia para un resultado final, que es el perdón. Lo mismo que la cólera y el odio, la ansiedad y la preocupación excesivas pueden tener efectos devastadores sobre la mente y el cuerpo, convertirse en fuente de mucho sufrimiento psicológico e incluso de enfermedades físicas. Estos pensamientos generadores de ansiedad deben ser sustituidos con pensamientos y actitudes positivas y bien razonadas.

Los efectos destructivos del odio son muy visibles, muy evidentes e inmediatos. La cólera es un enemigo interno para destruirnos, tanto en términos inmediatos como a largo plazo.

La ansiedad supone algo más que simplemente hacer el ridículo. Es más el temor al fracaso, una sensación de incompetencia. Pero si se desarrolla una motivación pura y sincera, si se está motivado por el deseo de ayudar, sobre la base de la amabilidad, la compasión y el respeto, se puede desarrollar cualquier trabajo en cualquier ámbito y funcionar con mayor efectividad, con menor miedo o preocupación, sin temor a lo que digan los demás o si al final se tiene éxito y se puede alcanzar el objetivo para que la persona adopte comportamientos sanos y elimine los rasgos negativos, en lugar de resaltar el éxito mundano, lograr dinero o poder.

Pero la diferencia más notable, afirma Cutler, con el budismo, es que mientras que los «especialistas en motivación» se ocupan de promover las motivaciones ya existentes para alcanzar el éxito mundano, el principal interés del Dalai Lama por la motivación humana radica en reconfigurarla y cambiarla, de modo que se base en la compasión y la amabilidad.

Para los que practican el budismo, el antídoto contra el odio hacia sí sería reflexionar sobre el hecho de que todos los seres humanos, incluido uno mismo, tienen la naturaleza del Buda, la semilla o el potencial para alcanzar la perfección, la plena iluminación, sin que importe lo débil, pobre o llena de privaciones que pueda ser nuestra situación actual. Por tanto, los budistas que sufren de odio contra sí mismos, o que se detestan deberían evitar lo doloroso o insatisfactorio de la existencia y centrarse en sus aspectos positivos, como tremendo potencial que hay dentro de uno mismo.

La quinta y última parte de esta obra desarrolla los ¨Valores espirituales básicos¨ para aplicar una disciplina interna, un proceso gradual de desarraigo de nuestros estados mentales destructivos para sustituirlos por los positivos y constructivos, como la amabilidad, la tolerancia y el perdón. Muchos budistas, soportan el sufrimiento a través de su fe en la doctrina del karma.

Las creencias religiosas muy arraigadas pueden damos un profundo sentido de propósito, aportar significado a la propia vida. Ofrecen esperanza frente a la adversidad, el sufrimiento y la muerte. Ayudan a adoptar una perspectiva amplia, que nos permite salir de nosotros mismos cuando nos sentimos abrumados por los problemas cotidianos gracias a la «quietud de la mente».

El budismo es una experiencia de aprendizaje, y pide la meditación diaria del potencial humano y de la transformación interiores un camino espiritual o disposición mental, inclinación natural donde el temperamento, convicciones y antecedentes familiares y culturales se cultivan desde un profundo respeto por todas las confesiones religiosas.

El Dalai Lama destaca los diálogos que ha sostenido con la comunidad cristiana y la comunidad judía, y los resultados realmente positivos.

Esta obra aporta una gran riqueza de valore humanos, propios de toda cultura que va evolucionando hacia una sociedad de sana convivencia. Para el no budista, se pueden suprimir los elementos propios de la filosofía oriental de la reencarnación, relativismo de las costumbres, y otros más. Ha resultado sumamente interesante para ver la concordancia del Budismo como sistema ascético antiguo con la moderna ciencia de la conducta humana, así como el impulso que la primera da a la vida comunitaria.