Cuando el Niño Jesús abría el ojos en medio de la noche, volvía a dormir con la seguridad y tranquilidad que le daba el saber que sus Padres estaban allí en casa junto a Él.
La imagen de su Padre Adoptivo San José que tuvo el Divino Niño durante toda su infancia fue la de un hombre que trabajaba para proveer de todo lo necesario a su familia, dedicando todo su tiempo a servir a su comunidad, reconocido y valorado por todos, y la llegada al hogar inmediato terminada ka jornada laboral para estar con lo suyos.
La mirada y el silencio de un cansado, un agotado San José de tanto afanar y bregar con la gente y con sus empleados en el taller de construcción hizo de Jesús un hombre hecho y derecho con las herramientas para enfrentar tan gran Misión.
Y el abrigo de la Virgen Santísima a la que siempre veía en actividad, nunca con un comentario acerca de otros desacertado. ¡Cuán chocante y molesto debía ser para el Jóven Jesús escuchar, presenciar y reconocer frases hirientes, la práctica de una religión manipulada y la violencia contra los sencillos y enfermos. ¡Bendita María que lanzo como el ave lanza a su cria cuando está ya lista para volar por cuenta propia y desprender así del nido!
Hoy el Niño Celestial es un Hombre que se ha entregado y dado su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad para salvar al mundo entero.

