El Papa León ha proclamado que “Así como el Resucitado —siempre vivo y presente— libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro”,
Esta ha de ser nuestra razón, a favor de los nuestros y de todos, para no tirar la toalla. Hemos de seguir adelante para que lo ocurrido en este Domingo de Santo Tomás Apóstol sea nuestra vivencia al comulgar con el Resucitado junto a los Apóstoles, testigos de lo acontecido a la Mesa Santa.
A Santa Faustina, San Juan Pablo II le llamó la Apóstol de la Divina Misericordia, la primera persona canonizada del primer milenio. Ella nos dijo como recibir la Misericordia que brota del Costado de Cristo: «Hoy el Señor me dijo: Hija, cuando vayas a confesarte, a esta fuente de mi misericordia, la Sangre y el Agua que brotaron de mi Corazón siempre fluyen sobre tu alma y la ennoblecen. Cada vez que vayas a confesarte, sumérgete completamente en mi misericordia, con gran confianza, para que yo pueda derramar la abundancia de mi gracia sobre tu alma. Cuando te acerques al confesionario, ten presente que yo mismo te estoy esperando allí. Solo estoy oculto por el sacerdote, pero yo mismo actúo en tu alma. Aquí la miseria del alma se encuentra con el Dios de la misericordia. Diles a las almas que de esta fuente de misericordia las almas obtienen gracias únicamente con el recipiente de la confianza. Si su confianza es grande, no hay límite para mi generosidad (Diario, 1602) .
Digamos todos: Padre Eterno, yo Te ofrezco el Cuerpo y Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo,» Todos: «como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.»
Por Su dolorosa Pasión… 10 veces
Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal. 3 veces.
Ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
María, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte, amparanos Gran Señora, Amén.

