A mediados de Cuaresma celebramos el Domingo de la Alegria de la caridad a los enfermos, pobres y necesitados.
Para los candidatos a los Sacramentos de iniciación cristiana se dan los ritos de exorcismo, previa renuncia a todo lo diabólico y todo lo contrario al primer mandamiento, entre ello, la práctica del horóscopo, las cartas astrales, invocación a espíritus y su promoción, las corrientes esotericas de busquedas, reencarnación, extraterrestres, orientalismos y fomento energías, adivinación y superstiones por medio a objetos y entes, incluso religiosos para que determinen el futuro. A todo esto se le da un contundente RENUNCIO.
Renovamos los signos de nuestro Bautismo, propios de los primeros tiempos de nuestra Iglesia, a manera del Encuentro de Cristo con el Ciego de Nacimiento.
La Pila Bautismal donde fuimos sumergidos en la muerte y resurrección del Señor. La Luz que de allí brotó: yo estaba ciego y ahora veo…
Y el desafío que representan los fariseos que acaparan el poderío religioso y el bienestar de todos, en especial, tener aplastados a los pobres y desfavorecidos.
Romper con el fariseismo. Ayudar a salir y promocionar a los que han sido sometidos a oscuridad.
¡Este es el sentido del existir y actuar de la Iglesia, de la Comunidad Eucarística Cristiana!
Cristo, Luz y Pan de vida.

