Jesucristo es el Buen Médico… el mejor. Su único interés son los enfermos. Los sanos no lo requieren.
Este Médico busca a los que sufren en el alma y en el espíritu. La mayor enfermedad es una vida banal y con insanos apegos a la monetización de todas las cosas a toda costa. A eso le llaman vender el alma al diablo.
Pasa Jesús, nos mira, y nos llama a dejarlo todo. Después de ello, quiere cenar en nuestra casa, sentado con nuestras familias, con todas sus dificultades e infidelidades que estirpar.
La cuestión es responderle y seguirle. Misericordia Señor, misericordia para nuestras familias, para nuestros Hogares, trabajos y profesiones.
Dejar de ser publicanos, arrepentirnos de nuestros pecados y dedicarnos por entero a cumplir la misión apostólica de la Iglesia Católica:
- Invitar a seguir desinteresadamente a Jesucristotras ser perdonados en la Confesión.
- Comulgar de nuestra medicina para vida eterna, la Eucaristía vivida en familia.
- Dedicar los mayores y mejores bienes de manera justa para aquellos que no llegan el auxilio de las instituciones de todo tipo.
Si resuena el SIGUEME de Jesús en tu corazón y vas a responderle cómo y por intercesión de San Mateo Apóstol, ponte de pie y confiesa con todos nosotros el Credo de los Apóstoles.

