¿Por qué la Iglesia no dejar de anunciar el Evangelio de la multiplicación de los panes? ¿Será que este es el sentido del accionar de nuestra fe?
Los Apóstoles reciben del Señor el mandato: Denles ustedes de comer. Tienen solamente 5 panes y dos peces. No deben tener más que lo necesario para ofrecerlos al Señor y alimentarse cada día.
Incluso aquello que Jesús multiplicó no les pertenece, solo les compete repartirlo a la multitud hambrienta, que deambulan como ovejas sin Pastor.
El único de los elegidos del Señor que quiso todas las riquezas para sí fue Judas Iscariote, a costa de traicionar al Hijo de Dios, y que mal terminaron sus días.
Son tantos los que hoy en día están en la misma situación de aquella multitud que alimentó el Señor. Entre ellos muchos sufrían:
La soledad de quien vende todos los días en la calles.
Como el guachiman que amanece todos los días cuidando propiedades ajenas y arriesgando su vida por ello.
La humillación de quien tiene que sonreír mientras tiene que ser sirviente obediente de quienes tienen más recursos para mantener un trabajito y que se le promocione un puesto en el que reciba mayor ingreso.
Nuestro deber es compartir el Pan material y el espiritual que se multiplica todos los días en el Altar de Dios por la bendición del Señor y fruto de nuestro trabajo.
Nunca abandonemos está misión que la Iglesia nos ha encomendado.

