Pedro siempre Pedro… esta es una de las tres ocasiones en que Pedro no toma una postura disonante a lo largo de su misión junto a Cristo Jesús.

La confesión de la Divinidad del Hijo Único de la Virgen María… la segunda, en la multiplicación de los panes y peces donde se le exige a sus Discípulos adorar y comulgar de la Carne y la Sangre del Hijo de Dios.

Tantos Discípulos le abandonan, porque no se trata solo de comer hasta hartarse de los placeres de la vida y milagros que llenen las apetencias de los sentidos… Es que en las buenas y en la malas decir como Pedro: Señor, ¿a donde iremos? Si solo tu tienes Palabras que se convierten en el Pan de Vida Eterna, y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo.

Y la tercera, la vencida y definitiva: su triple declaración de amor a Jesús Resucitado, el mismo que hizo la Pesca Milagrosa.

Demos gracias a Dios por Pedro Discípulo, el impetuoso, sin dobles caras y respetuoso de su Maestro.

Solo uno aprende equivocándose y permaneciendo en el Camino de subida con Jesucristo hasta Jerusalén para participar de su muerte y resurrección.

Esta es la misión del Obispo de Roma. Demos gracias porque nos ha tocado vivir un tiempo en que cada vez la actuación del Santo Padre es similar al mismo pobre Pescador de Galilea.

El Papa tiene el poder de las llaves, de atar y desatar, es decir, de la enseñanza universal del Evangelio, de la administración de los Sacramentos de nuestra salvación y de la misión caritativa.

Quien se alimenta de la enseñanza del Romano Pontifice no se equivoca… quien participa de la Liturgia de la Iglesia no morirá, y quien se da por entero en el servicio santo y desinteresado a los hermanos comienza desde ahora su Pascua para resucitar a la vida eterna.