Hoy, Día del Señor, celebro con ustedes en el Altar la partida al Cielo de mi Madre al lado de mi Padre, y con ella a todos nuestros seres queridos que nos han antecedido en la cita obligatoria con el juicio de Dios que todos afrontaremos.

Después de la Confesión de Fe de San Pedro, anuncia Cristo su Dolorosa Pasión a manos de los ancianos de su pueblo.

Ejecutado el Señor, resucitará al tercer día. Pero San Pedro, no solo se escandaliza, sino que protesta y se resiste a ello.

Se nos pide hoy dejar de pensar como los hombres que rechazan el llamado de Dios a renunciar a ganar este mundo entero, que ignoran el llamado a seguir a Jesús hasta sus últimas consecuencias, a cargar su Cruz y a no perder nuestra alma que es propiedad de Dios.

Apartemos a Satanás de nuestros pensamientos, rechacemos los deseos del egoísmo, palabras y acciones de nuestra parte para construir el Reino de Dios de justicia, solidaridad y paz han de ser el Espíritu que nos conduzcan. ¡No desperdiciemos la vida y la de los nuestros en mundanidades!

La decisión se ha de tomar ahora, no sabemos el tiempo que nos queda de vida. La Fe Católica nos exige, ante la inminente venida de Jesucristo. A cada uno pagará el Señor según su conducta.