Hacer el bien y salvar una vida es lo correcto, lo verdadero y la razón por la que fuimos creador y se nos otorga el privilegio de vivir unos pocos años.

Nunca nuestra práctica religiosa puede sustituir esto. Debe dar este fruto, propiciarlo y no ocupar la mayor parte de nuestro tiempo.

Dedicar los espacios que tenemos fuera de nuestras labores cotidianas a salir en auxilio de los que están en condición de minusválidos y rechazados, segregados por esta sociedad.

Comulguemos ahora del mismo Cristo, salud de alma y cuerpo, después de confesarnos por el bien a otros que hemos dejado de hacer o el mal que ke hemos hecho, y dediquemonos a asistir a los que sufren las limitaciones físicas de la naturaleza humana.