Por una economía dominicana “pasteurizada”

66
Imagen externa ilustrativa.

A Louis Pasteur, químico y bacteriólogo francés, la humanidad y, al menos tres campos científicos, le deben sus improntas. La medicina, la química y la microbiología forman parte de las ciencias que avanzaron hacia la modernidad, por los descubrimientos microbianos hechos por Pasteur: en particular, sobre la forma de atacar las causas de las enfermedades producidas por los gérmenes.

Como sabemos, la leche es un alimento fundamental en la dieta de los infantes, envejecientes y, en menor medida, de la población en general; por lo que conservarla, forma parte de la seguridad alimentaria: lo que constituyó un gran desafío en el pasado, al ser encontrada dicha solución en la pasteurización, cuyo proceso reduce a su mínima expresión a los agentes patógenos que la descompone, como las bacterias, gracias al descubrimiento hecho por Pasteur.

En el pasado, el transportar la leche a largas distancias y a un tiempo prolongado, la exponía a la descomposición; pero luego de la invención de la pasteurización se pudo neutralizar la misma, pudiéndose elevar por esa vía su conservación y, por ende, la calidad de vida de la población dependiente de ese alimento.

En República Dominicana, motivados por un crecimiento sostenido de más de una década del producto interno bruto (PIB) con bajas tasas de inflación, además de otros logros económicos, muchos no admiten o reparan en considerar la conveniencia y la necesidad de “pasteurizar” la economía nacional, para que el crecimiento estable se pueda prolongar por mucho más tiempo y con ello poder atacar otros desafíos de orden social.

-¿Cuáles variables de naturaleza patógena, vistas de manera estructural, en la economía dominicana pueden estar amenazando, como factor causal, la sostenibilidad saludable de los avances alcanzados en materia macroeconómica? -A modo de muestra, a la economía dominicana se le pueden señalar un conjunto de variables patógenas que operan como “bacterias” y que generan “enfermedades económicas”, a las que solo se les han buscado paliativos: tales son los casos de las finanzas públicas, con la ausencia de espacio fiscal y la composición económica del gasto público; en el monetario, con los incumplimientos de la recapitalización del Banco Central (BC); en la economía real, presentando las exportaciones espejismos; a nivel salarial, por el descalce con el costo de la vida y, en las cuentas nacionales, por la composición de la formación bruta de capital.

La no disponibilidad de espacio fiscal es una expresión patógena de la economía, traducida en su incapacidad para aumentar la presión tributaria, sin nuevos impuestos, mediante la eficiencia en la administración tributaria, el desmonte del gasto tributario y el combate a la evasión; así como, tener una mayor holgura para aumentar el gasto público con calidad. En la actualidad la relación gasto público frente al ingreso tributario sobre el PIB es de un 17.5% contra un 14.0%, respectivamente; equivalente a un descalce de un 3.5% o de una cobertura de solo un 80.0%.

El desequilibrio financiero en la ejecución presupuestaria ha derivado en permanentes montos de necesidades brutas de financiamiento, la que al 2019 espera alcance los RD$231,880 millones, para un aproximado de un 5.7% del PIB; condición que hace que el endeudamiento del sector público no financiero, se perpetúe con cifras relativas y absolutas cada vez superiores, estimándose al cierre del presente año cercano al 42.0% del PIB: siendo este factor otra variable económica patógena de “naturaleza bacterial”, que profundiza la ausencia de espacio fiscal.

La trayectoria de la composición económica del gasto público es reveladora de cómo el gasto de capital le ha cedido espacio al gasto corriente, perdiendo capacidad de ser autosostenible, al ser cada vez menos productivo. Para el 1996, el gasto corriente era de un 54.0% y el de capital de un 46.0%; en cambio, para el cierre del 2018 es de un 88.0% y de un 12.0%, respectivamente. Esta transformación es indicativa de otra “bacteria económica”, capaz de generar en países como el dominicano, solamente dificultades a la salud de las finanzas públicas y al rol del Gobierno.

Por el lado monetario, al aprobarse la Ley No.167-07, para la Recapitalización del Banco Central, se reservó un horizonte de 10 años para desmontar el déficit cuasi fiscal de RD$202,140 millones, mediante emisiones de bonos por un monto de hasta RD$320,000 millones; y también contempló parámetros de transferencias del presupuesto de la nación al BC, que van desde el 0.5% en el primer año, al 1.4% del PIB para el último año.

Los referidos porcentajes han sido modificados en varias ocasiones por la ley anual de presupuesto, dada las limitaciones financieras del Gobierno Central: lo que ha provocado que desde el 2013 se contemple el 0.7% del PIB, aunque en la práctica es menor. La situación ha hecho que el BC, para compensar el incumplimiento original de las transferencias, tenga que aumentar el inventario de sus certificados, pasando de RD$89,438 millones en el 2004 a RD$535,132 millones en la primera mitad del 2018.

El incumplimiento parcial para desmontar el déficit cuasi fiscal, se ha convertido entonces en una “bacteria económica”, que al tener el origen fiscal sin solución por la ausencia de espacio fiscal, el problema se trasladó al ámbito monetario, complicando su accionar o, al menos, comprometiendo sus instrumentos de política; aunque hay que reconocer que la mejoría en las reservas internacionales netas han estimulado y respaldado el aumento del referido inventario.

En el ámbito de la economía real, es frecuente apreciar el nivel de satisfacción que se muestra al presentar las estadísticas de las exportaciones, al arrojar aumentos casi siempre. Tal es el caso del 2018, cuando las exportaciones alcanzaron el nivel de US$11,052 millones, como el mayor aumento de la historia; sin embargo, al comparar en términos relativos la participación dentro del PIB del 2018 con los del 2007, encontramos que fue de un 14.0% versus un 16.2%: esto es un 2.2% inferior a la década anterior.

El indicador de las exportaciones como porcentaje del PIB, es una señal de otra “bacteria económica” que subyace en nuestro sector exportador y que no le ha permitido elevar su participación dentro de la economía de forma sostenida.

A nivel salarial, el descalce entre las distintas escalas y el costo de la canasta básica familiar, hacen que la cobertura que provee la escala inferior de salario llegue al 68.0% al compararla con el costo de la canasta inferior, y la de la escala superior de salario con la del costo de la canasta media; alcanzando la cobertura solamente el 51%.

La insuficiencia salarial para cubrir el costo de la canasta, es otra de las variables patógenas que le restan calidad al crecimiento económico; al tiempo que incuba niveles de insatisfacción que luego pueden convertirse en un problema social, que atenten contra la sostenibilidad y la estabilidad del modelo económico.

Otra “bacteria económica” adicional de la muestra, es la composición de la formación bruta de capital que revelan las cuentas nacionales. En una década no hubo cambios en la estructura de participación de los sectores privado y público; aportando cada uno el 86.0% y el 14.0%, respectivamente; en cuanto a la inversión y a lo concerniente a su tipo, se aprecia una degradación en la dotación de tecnología a la economía, al pasar la adquisición de maquinarias y equipos de un 26.0% a un 20.0%, durante el período 2007-2017.

La lista de “bacterias económicas” presentadas en este examen, muestra que la economía dominicana requiere ser “pasteurizada”, de aspirar a prolongar el crecimiento económico con estabilidad; y para ello se requiere del concurso de los sectores público y privado, en lo relativo al diseño y a la implementación de políticas públicas.