Cuando Jorge Lemus, vicepresidente senior y gerente general de Visa para el Caribe y Centroamérica, describe el acuerdo recién firmado con el Ministerio de Turismo de República Dominicana, usa una frase que resume su filosofía: “pasar de la intuición a la precisión basada en datos”.
Lo que suena a eslogan corporativo es, en realidad, la columna vertebral de una apuesta estratégica de largo alcance. “No solo se trata de promover turismo, sino de utilizar nuestra inteligencia de datos agregada y anónima para entender a fondo los flujos de viaje, los patrones de gasto y los comportamientos de los turistas dependiendo de los diferentes corredores”, explica Lemus.
El acuerdo, que además es el primero de este tipo entre Visa y un gobierno caribeño, convierte a la compañía en proveedor de insights para apoyar la toma de decisiones. A través de Visa Consulting and Analytics (VCA), su unidad de consultoría, Visa pondrá a disposición del ministerio datos agregados y anónimos sobre flujos de viaje, patrones de gasto y comportamiento de turistas por corredor de origen. En términos prácticos: si el consumo de viajeros provenientes de Illinois cae en un trimestre, el ministerio lo sabrá antes de que se refleje en las estadísticas oficiales, y podrá actuar.
Los números respaldan el interés. De acuerdo con datos de Visa, en la temporada decembrina de 2025, las transacciones de Visa en República Dominicana crecieron más de un 15% respecto al año anterior, mientras que el segmento de experiencias como hoteles, aerolíneas o renta de autos, avanzó cerca del 20% y las transacciones transfronterizas entrantes al país crecieron un 17%. República Dominicana cerró 2025 con más de 11.6 millones de visitantes, cifra que consolida al país como el principal destino turístico del Caribe».
Existe una paradoja en el modelo turístico caribeño: el turista llega con el viaje pagado desde su país de origen. El hotel, la comida, el transporte interno, todo liquidado antes de hacer la maleta. Sin embargo, una vez en el destino, todavía existen brechas en la digitalización de pagos en sectores como comercios minoristas, lo que podría limitar el dinamismo del consumo y limitar una experiencia turística fluida.
La respuesta de Visa pasa por los márgenes del modelo all-inclusive: los restaurantes locales, los artesanos, los guías independientes, el transporte informal. Ese universo de pequeños comercios, lo que en la jerga de la compañía se denomina long tail acceptance, es donde el efectivo todavía reina, y donde la compañía está realizando una inversión intencionada para expandir los puntos de aceptación digital.

