Es una jornada de oración, ayuno y penitencia que abre un período de 40 días de preparación espiritual antes de la Pascua o Domingo de Resurrección.

Durante la misa, el sacerdote impone ceniza en la frente de los fieles en forma de cruz, pronunciando una de estas frases:

“Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás” (Génesis 3:19).
“Conviértete y cree en el Evangelio”.
Las cenizas se obtienen tradicionalmente de la quema de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior.