Dios se ha manifestado a todos los pueblos de la tierra. Sus sabios y gobernantes, representantes de todos los pueblos y de sus habitantes han de postrarse en adoración ante Dios recién nacido.

En brazos de la Virgen y custodiado por San José duerme el verdadero Rey.

Herodes, sus sucesores herederos y los que actúan como tiranos se perpetúan en la memoria de los pueblos como manipuladores de la religión para sus propios intereses, opresores que expropian lo que corresponde por derecho en tierras, alimentos y medicinas a la mayoría de la población para darlo a sus consanguíneos secuaces, y recordados como asesinos que terminan con la vida de los inocentes para perpetuarse irracionalmente.

¿Para qué tanta hipocresía y vanidad si a todos nos espera la tumba fría?.

En cambio, el Camino que lleva a Belén, a ese que nos indica la estrella hasta llegar a la Casa del Pan del Cielo, es el modo de vida de aquellos que bien saben que Dios nos ha creado para el trabajo honrado y dedicado, para el servicio desinteresado y para darnos por entero a quienes necesitan del pronto auxilio del Dios verdadero nacido en la pobreza del Pesebre, muerto desnudo en la Cruz y presente y real en la Santísima Comunión.

Nuestros difuntos merecen que los honremos en Navidad y que les demos el regalo de Reyes de hacer todo lo mejor posible para alcanzarlos en el Cielo.