Si, la Cruz del Calvario que veberamos hasta el punto de besarla y abrazarla, nos impele a hablar mucho y en todo momento de lo que aconteció con Cristo Jesús, y que refiere siempre a nosotros.
Hemos escogido, la segunda opción del Leccionario para este día, el Himno Eucarístico que San Pablo compartió con la Comunidad Cristiana de los Filipenses porque nos conmueve las entrañas y quisiéramos hacarlo vida entre todos.
Porque Cristo Jesús, siendo de condición divina, no hizo alarde ni se aprovecho de ella, sino que se anonadó, se rebajó viviendo como sirviente.
Esto lo llevó a la muerte de Cruz. Hasta ese punto fue su obediencia a la voluntad de su Padre Celestial.
Por lo cual, el mismo lo exható, dándole el Nombre que está sobre todo Nombre.
Por lo tanto, ante Jesús Eucaristía toda rodilla se dobla en cielos, tierra y abismo, y toda lengua confiesa: Cristo es el Señor para gloria del Padre
Comulguemos ahora de su Cuerpo y su Sangre, Alma y Divinidad, presentes en esta Santa Misa en el Altar de la Cruz.
Nunca olvidemos que allí está presente su Madre, nuestra Señora de todos los Dolores y Sufrimientos para acompañarnos, y cada uno de sus hijos, en especial nuestros seres queridos que ya partieron al Cielo.
