Lo que nos da el Padre de Nuestro Señor y lo que le damos a sus hijos en la tierra. Esto debe cada vez se más equitativo.

La Iglesia nos invita en la Cuaresma a este tipo de plegaria: dar de tanto que recibimos sin merecerlo, incluso cometiendo faltas graves.

Estás deben ser confesadas y demostrando el arrepentirnos en obras que indiquen que la Eucaristía es nuestro Sacramento de la Fé, el Pan dado a los hijos de Dios.

El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda a través de quienes encontramos en nuestros desiertos personales y comunitarios.

De los conflictos y crisis Dios nos salvará, pero debemos buscar ayuda, corrección y obedecer los mandamientos divinos.

Somos pueblo elegido, nación santa y tesoro de la herencia de Dios. ISe nos olvida! ¡No nos comportamos como tal ante el mundo no creyente!

Busquemos el apoyo de quién nos hace bien y no nos usa para sus fines egoístas y arribistas. Dediquemos al servicio de quienes también caminan hacia la Pascua del Señor.