Por la Común Unión renovamos en la Santa Misa nuestro vínculo con el Padre Celestial y con su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.

Y esto en un ámbito de familia cercana, solidaria y de proyección servicial para con los más desfavorecidos y solitarios.

A esto aspira la Iglesia. Equiparable es la misión de los sacerdotes a los padres de familia. Lo que acontece en cada hogar se refleja y se reproduce en la Iglesia y viceversa. Todo lo bueno, y dolorosamente todo lo malo.

Nuestra única cura y reencausamiento es la vuelta a la ley de los mandamientos del amor de Dios.

De una alegría nos habla Jesús en la Santa Cena, su última con nosotros en la tierra para quedarse sacramentalmente, por su muerte y resurrección acompañándonos y fortaleciendonos.

Queremos aprender de esa Alegría Pascual verdadera en medio de adversidades y hasta en momentos de desorientación.