La Pascua, al igual que todo el Año Litúrgico de la Iglesia es tiempo de Mártires.

Tantos y tantos que ayer como recientemente dieron su vida por Cristo y la Iglesia.

Los Santos Mártires Mexicanos del primer tercio del siglo XX tuvieron una Fe en Común que defender, en Cristo Resucitado y Reinante en su Iglesia.

El amor a la Virgen de la Inmaculada Concepción, inculturada bajo la advocación de Guadalupe, la morenita, la más linda, y a los Sacramentos de la Iglesia, en especial la celebración de la Santa Misa y las procesiones con el Santísimo Sacramento, les llevó a ser uno y sacrificar su su vida si no podían glorificar al Hijo sentado a la derecha del Padre Celestial.

A partir de mañana, tendremos el Evangelio de la Pesca Milagrosa nocturna del Evangelio de San Juan y la triple declaración de fidelidad de aquel que dió su vida en lo alto de la colina del Vaticano por Cristo y su Iglesia: San Pedro.

Cimentados en la Roca Apostólica, sigamos firmes al Señor hasta que vuelva.