Jesús Eucaristía es el mismo Reino de los Cielos que ha llegado a nosotros.

La prioridad en Él son los aquejados de salud en el cuerpo y en el alma, proclamar la resurrección de Cristo en los funerales porque a la hora de la muerte pedimos que nos llame.

También nos implica a nosotros ese enviado a los Doce.

Nuestra vida ha de ser la lucha constante entre un estilo de comportarnos sobrio y sencillo contra la ambición desmedida de las modas, los teneres, los placeres promocionados de este mundo y el afán de dominio que nos alejan y nos engañan para que no vivamos a plenitud la misión de la Iglesia.

Mensajeros de la paz y de la vida. Esa es nuestra vocación auténtica. Erradiquemos toda violencia.

Perdonemos a los que han cerrado las puertas en nuestra cara y han hecho burla de nuestra buena intención al llevarles la Buena Noticia de la Fé Católica verdadera que comprende las obras de misericordia caritativa.

Arrepentirse de los pecados y dejar de cometerlos, es misión de la Iglesia invitarnos a ello, porque el juicio de Dios es una realidad que acontece para todos, y Dios quiere que todos los hombres se salven.