Invitado de honor Cristo, en casa de Simón, el Fariseo. Sentados a la Mesa entra la mujer prostituida por una sociedad hipocrita y malvada, que abusa de ella para los fines más bajos e inhumanos y a la par la condena y la excluye.

Ella hace la Penitencia de las lágrimas y el servicio más humilde, el de los esclavos o trabajadores con su Amor y Señor.

Así ha de ser nuestra participación en la Eucaristía de este Jueves Sacerdotal y de la Caridad Cristiana.

No hagamos caso de las críticas y a la vez vamos a asumirlas, aunque suene esto contradictorio. Cuesta mucho corregir lo que hacemos de incoherente, pecaminoso y egoísta. Esos malos momentos y encontronazos con otros nos han de servir para arrepentirnos y cambiar para bien en la Iglesia y la sociedad.

Al que mucho se le perdona mucha caridad demuestra… El que no se corrige ni se deja corregir sino que busca imponerse y mantenerse a toda costa no sabe lo que es el perdón de Dios y su gracia.

Queremos ser como la mujer que lavó los pies del Señor y los secó con sus cabellos… Así debe de ser la Iglesia, la Sirvienta Caritativa de todos los hijos de Dios.