Jesucristo, el Amigo de la parábola de la Comunidad Eucarística de San Lucas, nos ofrece su programa de vida, tras indicarnos ayer el cuando oren digan: Padre Nuestro…
A la hora de la Vigilia de Pascua de Resurrección, a medianoche, cuya resonancia es la Misa Navideña del Gallo, Cristo, y en cada Eucaristía, Jesus intercede por sus amigos, por cada uno de nosotros peregrinos, para ofrecernos el Pan del Cielo.
Pidan… pero, ¿qué es lo que tenemos que pedir?
La gracia de hacer la voluntad divina o cumplir los 10 mandamientos.
Busquen… pero, ¿Cómo hemos de buscar?
En los lugares laborales y con las personas asociadas que en todo momento hagan lo correcto, de forma noble, con bajo perfil, humilde, con sencillez y honradez.
Llamen… ¿a quién hemos de llamar?
Siempre habrán muchos que tiendan una mano amiga. Los malos pasan tarde o temprano, y los hijos de Dios reinarán doquier se platique la justicia, la generosidad y la paz.
En la Eucaristía, Cristo, Pan Sagrado Compartido, nos da las fuerzas de seguir adelante, luz y agradecimiento para tomar y ejecutar las decisiones que la caridad nos demanda ante tantos que tienen hambre.
Al comulgar del Cuerpo y Sangre de Cristo en la Iglesia, sólo es de esta manera que el Padre Celestial nos da sin medida al Espíritu Santo.
