Los Padres de la Iglesia predican la Escritura como fundamento de la DSI

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Sábado, 13 de diciembre de 2014

1. El joven rico: Mc 10, 17-27. Un texto muy citado por los PP, en el contexto del discipulado, es el del joven rico en Mateo. Orígenes, en la homilía 8 sobre el Evangelio de Mateo muestra las virtudes de este joven y la loa por el cumplimiento de los mandamientos, que no fue rechazado por Cristo. San Juan Crisóstomo, en su homilía 63 sobre el mismo Evangelio, coloca la bondad divina por encima de toda justicia humana, llamada a desbordarse aun más, para poder alcanzar el tesoro del cielo, no solo la vida eterna. El patriarca de Constantinopla adjudica como causa de tristeza, el tener muchos bienes, porque esto llama a la codicia que tiende siempre a ir en aumento. Hay una invitación a optar por la perfección que supera la medida humana, en las palabras del Crisóstomo: Los que tienen poco y los que nadan en la abundancia, no poseen los bienes de la misma manera. En los últimos, la avaricia puede llegar a ser una pasión violenta, tiránica. En ellos, cada nueva posesión les enciende una llama más viva todavía, y los que están afectados por ellas son más pobres que antes. Cada vez, se les enciende más el deseo y, por tanto, sienten más fuerte su, digamos, indigencia. Es San Clemente de Alejandría, en su Homilía, quien habla de la necesidad de una vida totalmente humana por parte del joven rico, no solo de la inmortalidad. Este joven necesita de la ley del balanceo, del paso de la Ley como pedagogo a la justicia a todos aquellos que creen Cristo. Intuición esta que San Basilio une al temor del buen creyente de perder sus bienes. Se trata de cumplir mandamientos de Dios en el arte de conciliar lo imposible con la ley en una entrega de servicio a los demás.

2, La Parábola de Lázaro y el rico Epulón: Lc. 16, 19-31. En el marco de lo necesario y lo superfluo como problema moral, los Padres de la Iglesia, tocan el tema de la acumulación de los bienes como situación vivida por las primeras comunidades cristianas, en las que algunos de sus miembros por avaricia de dedicaban a amontonar bienes y gastarlos en cosas absurdas. Frases tan sarcásticas se encuentran en Clemente de Alejandría: burla y merece carcajadas que haya hombres que usan orinales de plata y retretes de vidrio, y esas mujeres, tan ricas como locas, que mandan hacerse de plata los recipientes de sus excrementos, como si la gente rica no pudiera defecar si no es lujosamente. En relación a esta parábola, San Ambrosio habla de la tierra que es de todos, no sólo de los ricos, cuyos bienes provienen de su propia injusticia o por herencia de los bienes adquiridos injustamente, en frase tajante de San Jerónimo. San Juan Crisóstomo aduce que Dios puso delante de todos la misma tierra, pero siendo común, unos poseen hectáreas y más hectáreas, y otros ni un terrón. San Basilio de Cesárea, en su Comentario a Isaías 1,64 decía: Es evidente que las obras son la causa de que uno acabe por ser condenado al suplicio, puesto que somos nosotros mismos los que nos disponemos para ser merecedores de la combustión, de modo que los vicios del alma son como chispas de fuego que producimos para encender las llamas de la gehena, como en el caso de aquel rico que se quemaba en el fuego de sus propios placeres que lo abrasaban. El origen de todo esto es el pecado de la avaricia que cortó lo que había de noble en la naturaleza, y ha tomado a la ley como auxiliar del poder, en frase San Gregorio Nacianceno, que proponer mirar a la igualdad primitiva, no la distinción postrera; no la ley del poderoso, sino la del Creador ,por lo que el rico de la parábola no se enteró del mendigo Lázaro que estaba a la puerta de su casa con los perros, cubierto de llagas. Cuando lo supo ya era demasiado tarde.

3. No había ningún necesitado: Hech, 4,32-35. Los Padres de la Iglesia refieren continuamente al compartir los bienes con opciones claras y operativas, porque todos los bienes han sido creados para todos los seres humanos, pues la creación está en equilibrio cuando rige en equidad y en justicia sin exclusiones. La carta a Bernabé y el Pastor de Hermas piden auxilio para los pobres en referencia a este pasaje de los Hechos de los Apóstoles. Los bienes para los padres tienen un fin social universal para que el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, aprenda a amarle con los hermanos hasta la comunicación de bienes como enseña la Didajé. San Ambrosio, San Basilio, y San Juan Crisóstomo hablan de la injusticia como responsabilidad humana que genera la situación de pobres y ricos, por lo que la limosna es obra de justicia que corrige la desigualdad económico-social. San Agustín al recordar a la primitiva comunidad de Jerusalén, asigna el papel a las riquezas, de obligación a la caridad en justicia, no eximiendo de la obligación de la comunicación cristiana de bienes a nadie.

4. Justicia: Mt 25,34.35.40. El tema de la justicia encuentra en los padres de la Iglesia una vinculación con el tema el juicio final, especialmente en las parábolas escatológicas de Mt. 28. En la última de ellas refiere a la dimensión de la ayuda a los mas pobres que son capaces de llevarnos a la vida eterna. San Basilio dirá que el trabajo es justicia porque se realiza para ayudar a quien lo necesita: Dice Nuestro Señor Jesucristo que quien trabaja merece su sustento (Mt 10, 10); por tanto, no es simplemente un derecho debido a todos sin distinción, sino de justicia para quien trabaja…. Este tenor de vida no sólo nos sirve para mortificar el cuerpo, sino también para demostrar nuestro amor al prójimo, y que, mediante nuestras manos, Dios conceda lo necesario a los hermanos más débiles según el ejemplo del Apóstol, que dice en los Hechos: os he enseñado en todo que trabajando así es como debemos socorrer a los necesitados (Hech 20, 35); y también: para que tengáis con qué ayudar al necesitado (Ef 4, 28). En las homilías de San Juan Crisóstomo sobre el evangelio de san Mateo 50,3-4 pide que se honre al cuerpo de Cristo, comparando la eucaristía al pobre, que pide justicia. Incluso lleva esta ayuda que se ha de prestar al necesitado a tener esto en cuenta al hora de vestir el templo y los ornamentos litúrgicos, que no sean caros, para poder ayudar a los desposeídos. El patriarca de Constantinopla lleva el texto de MT 28 a una profunda reflexión eclesial: ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento, y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo. ¿Quieres hacer ofrenda de vasos de oro y no eres capaz de dar un vaso de agua? Y, ¿de qué serviría recubrir el altar con lienzos bordados de oro, cuando niegas al mismo Señor el vestido necesario para cubrir su desnudez? ¿Qué ganas con ello? Dime si no: Si ves a un hambriento falto del alimento indispensable y, sin preocuparte de su hambre, lo llevas a contemplar una mesa adornada con vajilla de oro, ¿te dará las gracias de ello? ¿No se indignará más bien contigo? O, si, viéndolo vestido de andrajos y muerto de frío, sin acordarte de su desnudez, levantas en su honor monumentos de oro, afirmando que con esto pretendes honrarlo, ¿no pensará él que quieres burlarte de su indigencia con la más sarcástica de tus ironías? Por tanto, al adornar el templo, procurad no despreciar al hermano necesitado, porque este templo es mucho más precioso que aquel otro. San Agustín en el Sermón 389 dirá en relación a este pasaje que los pobres a quienes se da limosna son los portaequipajes, que ayudan a traspasar los bienes de la tierra al cielo.

5. Imagen y semejanza de Dios: Gen, 1,26-28. La dignidad humana desde la imagen y semejanza de Dios es un tema recurrente en los Padres de la Iglesia. Los primeros capítulos del Génesis sirvieron de base para el desarrollo de la teología de los padres, más que cualquier otra parte del Antiguo Testamento, para elaborar la teología de la creación, el hombre, su caída del hombre y su redención. San Basilio de Cesárea y San Ambrosio, siguiendo al apóstol Pablo, recogen el símil de Cristo, el nuevo Adán, utilizado por San Ireneo de Lyon, y que luego san Agustín y otros autores emplearan para desarrollar la teología de la gracia. San Ireneo siempre reconoce al ser humano como creatura de Dios, la única querida por sí misma, y por eso Dios hizo al hombre libre, con el don del poder elegir, por ello es su imagen y semejanza, desde la Trinidad, como imagen de Cristo y destinado a hacerse su semejanza, por la obra del Espíritu Santo. El ser humano perdió esta orientación por culpa del pecado, a partir de la culpa de Adán, por el cual entró la muerte en el mundo. Para rescatar al hombre, hecho a imagen de su Hijo, el Padre lo envió en carne humana para que, asumiendo todo lo que es nuestro, por su obediencia restaurara en nosotros la imagen primera. Por la gracia recibe al Espíritu de Dios y de esta manera se convierte en un hombre espiritual perfecto para San Agustín, creado el hombre por Dios, ha de tomar conciencia de su dignidad por ser hecho a imagen y semejanza del creador. El hombre es la síntesis del cosmos entre y entre el mundo material de los animales, y el mundo espiritual de los ángeles.