Nos dijo el Papa León en su primera Misa Crismal en su Sede de San Juan de Letrán: «el Señor nos llevará a la cumbre de su misión, para que su pasión, muerte y resurrección se conviertan en el corazón de nuestra misión”.

Profundicemos en la 8va de Pascua la gracia recibida en esta Semana Santa de la mano del Santo Padre: “toda misión comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace. Nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios no nos puede ser quitada, ni se puede perder, pero tampoco pueden borrarse los afectos, los lugares y las experiencias que están en el origen de nuestra vida. Somos herederos de tanto bien y, al mismo tiempo, de los límites de una historia en la que el Evangelio debe llevar luz y salvación, perdón y sanación”.

Continuó el primer Pontifice Norteamericano: “la misión comienza por la reconciliación con nuestros orígenes… no hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento y no hay alegría sin arriesgar”.

El anuncio-vivencia de la Pascua del Señor tiene una primera pauta a seguir: “todo se recupera y se multiplica si primero se deja ir, sin miedo. Es un primer secreto de la misión. Y no se experimenta una sola vez, sino en cada nuevo comienzo”.

Celebremos cada día de esta semana como lo que es: verdadera profundización de nuestra Iniciación Cristiana, de nuestra misión de vida, vivir el Misterio Pascual por el Sacramento de nuestra fe.