Como cada lunes primero de Cuaresma la Iglesia nos lleva a aquel día al final de nuestras cuando seremos juzgados por las obras de misericordia que hallamos hecho o no.

Fe sin obras no tiene sentido. Religión que no resulte en un auxilio heroico de nuestra parte a los humildes, sufrientes y últimos de la sociedad es un engaño.

Ir en socorro del mismo Cristo hambriento, desidratado, enfermo, sin techo, desnudo y en la cárcel es la finalidad para la que Dios nos creó y no ha dado todo lo que tenemos.

Imitación de Satanás y sus secuaces es acaparar todo para uno y los propios, derrochar cuando otros carecen de lo más mínimo, obstentar y no compartir alma, vida y corazón es estar fuera de la gracia de Dios.

Estamos a tiempo de ser benditos y no malditos. Tenemos la oportunidad de darle a los pequeños todo de lo que Cristo careció. Se nos ha dado una Cuaresma que puede ser nuestra última antes de pasar al juicio final.

¿Qué escogeras? ¿Ser oveja o cabrito? ¿El Cielo o el infierno?