El próximo mes se cumplirá la partida el tercer año de la partida de mi Madre. Solo su ayuda desde el Cielo nos ha permitido seguir adelante, arrastrando nos. Se cumple la máxima de que cuando esté con ustedes creerán que no me necesitan, y cuando más me necesiten, ya me habré ido.
Es la razón por la que cada Lunes Santo, como Iglesia, volvemos a Betania, al hogar de los amigos de Jesús.
Comulgamos del Verbo que hecho Carne de Sirviente, como indica el primer cántico de Isaías, estirpa en nosotros la vileza, el afán de dominación, el revanchismo y el creeernos poseedores de alguna potestad.
La fuerza, el imperio y el poder le pertenecen al que está sentado a la Mesa, al que había resucitado a San Lázaro de entre los muertos, al que servía su hermana Santa Martha y al que fue ungido con el Óleo perfumado más caro por Santa María de Betania, la última y más pequeña de toda esta familia.
Siempre ocurre que quien critica los bienes ajenos es que los ambiciona. Así fue el proceder de Judas Iscariote que unió religión y poder, tan absurdo aquello como mezclar el agua y el aceite. Y terminó traicionando y entregando al Hijo del Hombre a la muerte. Judas se quedó sin nada ni nadie.
Nosotros queremos estar con Jesús, con su verdadera familia y amigos, y despojarnos de todo lo que nos hace inhumanos. ¡Queremos ser primero y antes que nada mejores personas!.
