Celebra la Iglesia la Fiesta de María, Madre de la Iglesia.

Nos dice el Concilio Ecumenico Vaticano II: María está con el Señor y al lado de éste desde su nacimiento, en su ministerio público y en su crucifixión; ella se queda con sus apóstoles hasta que reciben el Espíritu Santo y , finalmente, ella es admitida en el Cielo (LG, nn. 57 – 59).

En nuestras responsabilidades, luchas y dificultades no estamos solos: El papel de María, como madre de los hombres y madre del orden de la gracia, proviene de su papel de madre de Jesucristo, el Mediador y Redentor.

Comulgaremos ahora del Cuerpo y la Sangre de Cristo que da sentido, fortaleza y consuelo a nuestro esfuerzo y trabajo hasta ese día en que iremos al encuentro con nuestra familia, los nuestros y la gente buena por los cuáles ahora pedimos para estar en el Cielo.

Cultivemos los mejores valores, la más altas virtudes y pidamos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo ser conducidos bajo el amparo de la Virgen María, nuestra Madre en la fe, en la esperanza y la caridad (LG, nn. 63 – 65).