Rotundo rechazo a toda forma e instrumento de violencia profesamos los cristianos que comulgamos del Sacramento de la unidad y la Caridad
Cristo es nuestra Paz proclamamos con San Pablo.
Es la hora, no hay otra probablemente de que los Padres se reconcilien con sus hijos y los hermanos entre si. El dinero de las herencias, los modos diversos de pensar y de sentir no pueden separar a los que tienen la misma sangre. Esto es lo que el enemigo número uno de las familias y el asesino que propicia las guerras fratricidas propicia.
El amor a los padres, a los hijos y a nuestra propia persona debe ser tan grande y por encima de todo, que nos ha de llevar a abrazar la Cruz de Cristo y nunca más soltarnos de ella.
El Evangelio convertido en Comunión Sacramental nos impulsa a seguir adelante, a superar todos los obstáculos del camino y no hacer caso a quienes quieren que todo siga igual, que no cambien las cosas para bien de todos y tiene miedo de salir de las mediocridades de quien se instala en seguir los moldes de este mundo sin Dios.
Son muchos más los que nos reciben que los que nos rechazan y quieren impedir que celebremos la Fe Católica.
Nuestro deber como justos y profetas comienza con el ser cada más humanos, dando un vaso de agua, vestido, medicina, alimento, y no ser dedicados fariseos religiosos.
Nos falta tanto a todos aprender que la verdadera misión de la Iglesia de los discípulos de Cristo se traduce y redunda en auxiliar a los demás.
Esto es lo que significa ser constructores de la Paz Cristiana.

