La sencillez, la simpleza y la fragilidad del trigo, la dedicación del Sembrador a su preservación y las bondades de la Madre tierra propiciaran que el grano sea molido y preparado como pan que llegue a la Mesa de la Familia de los hijos de Dios.
Ni las tempestades ni los agregasores ni oportunistas, es decir, la mala hierba podrán contra la labor del campo que es la divulgación de la Palabra de Dios y la Celebración de la Fe Católica.
¡Cuánto bien, satisfacción que es una prueba de la plenitud del cielo y sentido del deber que implica realizar la misión evangelizadora nos dan perseverancia a la hora de la dificultad!
Llegará ese día. Paradójicamente no nos toca a nosotros. Hay que ORAR por la unidad y la continuidad de la misión de la Iglesia, ESPERAR, porque la justicia y el juicio le corresponde a Dios, ni a ti ni a mi, y seguir SIRVIENDO a todos, porque esto es lo que nos da, con lo que nada ni nadie nos podrá robar, ni amedrentar, ni suplantar.
La labor de San Pedro y San Pablo, hecha misión en el Obispo de Roma, la Tradición de la Iglesia celebrada cada día en el Altar y en los Sacramentos de la fe, la contribución a una sociedad que carece de humanidad y solidaridad y la ayuda a los pobres… Por ello, vale la pena gastarse la vida… Duele siempre, más es nuestra salvación.

