La Barca de la Iglesia navega a la otra orilla, nunca se queda en el mismo lugar. Y en esa Barca está Aquel que se compadece de la multitud y atiende con preferencia a los enfermos, débiles, agobiados y cansados.
A la hora de la tarde, cuando termina la jornada laboral, es la hora de compartir nuestros 5 cinco panes y 2 peces.
¿Qué sentido tiene la vida si no es compartir el fruto del trabajo cada día? ¿Por qué no es una prioridad que la familia se reuna a diario para interactuar y aprender unos de otros?
Ser discípulos del Señor, los bautizados, implica seguir los pasos de hacer: cambiar de escenario cuando las cosas no funcionan o van a peor, dedicarse al santo oficio de la compasión cristiana, involucrar a otros en la misión de vida de dar alimento, medicina y cobijo a la inmensa multitud que lo necesita.
Iglesia, ¡tienes tanto que hacer en este sentido!.

