Con Jesús nos abrimos paso entre la gente y seguimos nuestro camino. Cortar radicalmente con todo ámbito dónde la furia, la exclusión y la violencia existen.

Son tantas las personas enfermas a las que podemos ayudar. Muchas viudas y mujeres solas desamparadas con hijos tienen hambre. Con ellos podemos realizar grandes milagros de caridad y misericordia.

Este es el verdadero ejercicio de nuestra vocación de sacerdotes, profetas y reyes en Jesucristo.

Para realizar esta misión de vida que nos encomienda la Iglesia necesitamos al médico y su medicina, a Jesús Sacramento. Doquier y siempre busquemosle como prioridad.

Evangelizar, proclamar y liberar a los pobres, cautivos, ciegos y necesitados de la gracia de Dios, para nosotros y para ellos, para tantos y tantos. Muy claro está el quehacer del cristiano. No perder el tiempo en otras cosas.

Pidamos que se cumplan todas éstas cosas en nuestro interior, alma, mente y corazón, en nuestros ambientes y allí dónde hay que abrir y crear ámbitos donde se anuncia y concretice lo que dice de más humano y caritativo la Escritura.