La Iniciación Cristiana pide ser renovada al participar de la Pascua del Señor. Es en los primeros tres Sacramentos de nuestra fe que comenzamos a ser habitados por el Espíritu de Dios.
Nadie tiene la posesión del Espíritu del Padre y del Hijo. Es insondesble para nosotros. Es la libertad en grado sumo. Nadie la puede suprimir ni condicionar. Huye de quien pretende negociarla.
La Cruz de Cristo, la entrega total, que cuesta el mayor esfuerzo, que acarrea incompresiones y es totalmente desinteresada es el ámbito es la que nos eleva a la esfera divina, a lo más alto.
Bendita mutual inseparable e insustituible por la muerte y resurrección de Cristo por nosotros en su Iglesia: Los Sacramentos y el Don del Espíritu Santo.
