El mismo Cristo nos enseña que María es nuestra Madre de la fe, la Maestra que nos enseña a ser discípulos de la voluntad de Dios.

Solo los Padres y familiares saben lo que es la angustia y el dolor al ver a los suyos enfermos, en problemas y la muerte.

Cuando afrontamos la enfermedad y la angustia por nuestros familiares enfermos. En las situaciones de dificultad económica y en el desafío que implica el trabajo para obtener nuestro sostén. Y en el crecimiento personal para bien de todos en cuanto a cultivar los mejores valores humanos, la optimización en nuestro oficio y buscar los medios para servir a quien lo necesita.

Estos son requisitos y deberes nuestros para ser efectos hermanos del Señor.