¡Qué chocante el anuncio de lo que ocurre en la Cena del Señor! Participan en ella nuestra fragilidad y la dádiva del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.
Los impíos, los que entregamos al suplicio y a la muerte al Hijo de la Virgen Santísima, estamos sentados a su Mesa como San Pedro y Judas Iscariote.
Contamos con la promesa hecha a San Pedro, que luego en la resurrección en el Evangelio de San Juan será explicada de forma más explícita. Después me acompañarás en la Cruz, ahora no lo entiendes, no tienes capacidad ni fuerza para ello. Primero arrepientete y vive la Fé Pascual de la Iglesia Católica de una forma limpia, humilde y servicial.
Los del Judas Iscariote hipócritas, con dobleces, agendas ocultas y acuerdos fraudulentos pertenecen al demonio y a sus secuaces.
Tres veces pidamos perdón por parecernos al negador Pedro, renunciemos a la actuación satánica del Iscariote y empeñemonos en participar del Calvario del Señor con la fuerza del Espíritu Santo que recibimos en la Santa Cena si de ella participamos correctamente.
