Mientras la destrucción y la muerte que trae consigo la guerra de los violento ocurren ahora mismo, el mensaje de paz del Papa León XIV, de parte de Jesús Resucitado, resuena con más fuerza.

Las perturbaciones fácilmente hacen presa de nosotros. El terror nos paraliza al pensar que perderemos las cosas que consideramos más preciadas, las que nos dan seguridad.

No hay mal que por bien no venga… Aunque nadie estará eximido jamás del dolor que todo bien implica.

El anuncio de Cristo en la Santa Cena de su ida al Padre y su regreso ha sanar nuestra mente de toda turbación, nuestro corazón de todo miedo y temor.

El Misterio de la alegría pascual nos ha de permear. Misterio que es capaz de levantarnos de nuestros pesares, inconformidades y renunciar a lo que solo trae consigo conflicto y luchas innecesarias.

El príncipe de este mundo, el destructor, es un conflictivo sanguinario e interesado acaparador. No tiene poder sobre el amor del Hijo y su Padre Celestial.

En torno a la Mesa del Señor, trabajemos por alcanzar nuestra libertad, y la de aquellos que anhelan la plenitud de la Comunión con el Dios Uno y Trino.