Desprenderse es difícil. Pensamos que se nos acaba la vida. Nos aterra perder la fé.
Nos unimos a la tristeza de los Apóstoles al recibir la noticia de la partida del Señor. El Consolador Divino nos dará alivio. Vendrá por la entrega de Cristo, quien lo enviará a nuestros corazones.
Queremos que nuestras culpas sean perdonadas, abandonar los malos caminos.
Jesucristo es el Justo, su persona y obra nos conduce al Padre Celestial.
Y la condena sobre el príncipe de este mundo, Satanás, se consuma en el Sacrificio de Cristo, el Cordero Inmolado, nuestra Pascua.
Está es la obra del Espíritu Santo, el rescate del hombre pecador, la adhesión a Jesús y la liberación de todo poder y acción diabólica por nuestra renuncia bautismal.

