¡Cuánto les costó a los fariseos que pasaron a la Comunidad Cristiana entender, asimilar y vivir conforme al bautismo recibido en el Nombre de Jesús!

A la proclamación de la Palabra le sucede el sentarse a la Mesa del Señor. ¡Hay que invitarlo a comer con nosotros en la propia casa y vida!

¿Por qué se ha dejado de rezar y de acudir a la Iglesia por parte de tantos y tantos? La razón es que no se sientan juntos a la Mesa la familia. Y es que antes de comer juntos rezabamos para dar gracias por el alimento, el hogar y por todos. Ahora nadie se encuentra a ninguna hora con la excusa del trabajo y las actividades propias de cada uno.

En alguna hora del día debe la familia reunirse a rezar y comer
No puede haber excusas. De lo contrario nuestra calidad humana y sentido de la existencia sucumbirá.

De la Mesa de los bautizados, de la familia de Dios brota el amor a la Eucaristía y la purificación de nuestros corazones de toda rapiña y maldad para dar lugar en dicha Comunidad Eclesial a los que carecen de esa abundancia que tenemos.

De la Palabra a la Mesa y de la Mesa a la Caridad Cristiana.