A los Doce, mientras caminan hacia Jerusalén, aparte les anuncia Jesús su Pasión, la Cruz, la voluntad de Dios para salvación de todos.

Los Zebedeos sin la barca de su padre, sin nada alcanzar, buscan influenciados por su Madre en la comunidad eclesial lo mundanal. Puestos de poder, hegemonía y tiranía para quienes deberían servirles promocionandolos para que tengan su misma calidad de vida y realización.

De San José, aprendiendo nuestro Señor Jesucristo a ser servidor, ocupar el último lugar, huir del boato, la fama y la fortuna. A ser una persona trabajadora, educada, prudente, colaboradora y entregada hasta alcanzar el Cáliz, el suplicio de darse por entero y no vivir para sí.

¡Queremos aprender esto de San José y plasmarlo para siempre ahora y al final de nuestras vidas, tal como lo hizo Cristo Jesús!