No nos olvidemos de la Hora:
Llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.

La catequesis mistagógica 18 de San Cirilo de Jerusalén nos dice al respecto:
La raíz de toda operación es la esperanza de la resurrección. Pues la esperanza del premio da al alma fuerzas para emprender buenas obras. Todo obrero se encuentra dispuesto a soportar los trabajos si divisa el premio de sus fatigas, pero se derrumban el ánimo y el cuerpo de los que no avizoran recompensa alguna. Un soldado que espera la recompensa del combate está pronto para la lucha, pero nadie milita a favor de un rey que, falto de juicio, no recompensa el mérito de los esfuerzos, ni está dispuesto a afrontar la muerte por ese mismo rey. Así también, toda alma que cree en la resurrección se modera y se atempera a sí misma. Pero la que no cree en la resurrección, se entrega a su propia perdición. Quien cree que el cuerpo pervivirá con la resurrección, cuida aquello que le sirve de estola y de vestido, y no lo contamina con el libertinaje. Pero el que no cree en la resurrección, se entrega a la fornicación usando del propio cuerpo como si fuese ajeno. Es, desde luego, una importante doctrina y enseñanza de la Iglesia la fe acerca de la gran resurrección de los muertos. Se trata de algo completamente esencial, cuya verdad, aunque choca realmente con la contradicción de muchos, puede ser plenamente comprobada.

Comulguemos conforme a nuestra fe sacramental. San José nos conceda esforzarnos desechar toda maldad.