La semana V de Cuaresma rezamos con el prefacio I de la Pasión para tomar más conciencia del llamado al arrepentimiento de nuestra falta y a la fuerza que recibimos al comulgar del Misterio de la Cruz del Señor.
Contemplamos a Jesús en peligro de muerte. Bien sabe que lo atraparán sus adversarios para eliminarlo. Es un estorbo para ellos que se saben denunciados y expuestos por ellos. El mal en este mundo no descansa ni da tregua.
Cada vez reúne más adeptos revestidos de engaño que aniquilan con la corrupción, la guerra y la ignorancia al Pueblo bueno y trabajador. A ellos representa en la Santa Cena Judas Iscariote.
Está anunciado en la Mesa de la Iglesia: ¡Ay del que entrega al Hijo del hombre…!
Mañana, renovará la Iglesia a sus sacerdotes ministeriales, que somos los hombres más limitados, condicionados y cortos de entendimiento. Lo dice San Pablo: para mostrar la mundo la pequeñez nuestra y que la sabiduría y la virtud están solamente en Dios.
Oren y exijan hijos de la Iglesia, Santos y Doctos Sacerdotes.
Y se iniciará el Triduo Pascual.
Gracias Señor, por este privilegio inmerecido. Será todo nuevo. Un nueva oportunidad de alcanzar el perdon, el servicio generoso en extremo y con los nuestros la Comunión del Cielo.
