Cristo es el nuevo árbol de vida. El madero de la Cruz se ha convertido en Altar de Dios.

Cristo, Sacerdote, Víctima y Altar. El fruto que recibimos de comulgar es permanecer con Jesús, ser podados o purificados de lo que lo que nos puede aniquilar y destinarnos al fuego eterno, y convertirnos en la mayor gloria que un cristiano puede recibir: Ser discípulos, siempre aprendices de la Iglesia Católica, nuestra Madre.

¡Tanto los que han trabajado toda su vida, como los que han muerto para darnos la mejor cosecha, correrán la misma suerte del Resucitado! Pues, sigamos trabajando. El dolor y el sufrimiento por dar fruto según los mandamientos de Dios servirá para el perdón y la redención nuestra y de tantos que lo necesitan.