Nos ha llamado Jesús, por nuestro nombre, para estar con Él. Es decir, comulgar de su Cuerpo y su Sangre.

Esto implica estar con otros que han recibido el mismo llamado. Bien sabemos que la convivencia es muy difícil: matrimonio, familia, vecinos, compañeros de trabajo y sirvientes, de vocación y congregación. Se trata del mayor desafío… Y ahora queremos sanar heridas y desencuentros del pasado, así como entender que todas nuestras equivocaciones y errores en el servicio son nuestro mejor aprendizaje, la única vía.

Tenemos, con todo este historial, que cumplir la misión para la cual fuimos elegidos: llevar los Sacramentos de la salud y la liberación a los aquejados por la limitación del cuerpo humano y de la opresión social que segrega, aplasta y descarta a los demás cuando no les son útiles. Nos referimos a los enfermos y a los que sufren los ataques de los demonios.

Imitemos a San José, quien cumplió en el silencio, en el trabajo y lejos de la confrontación y el oportunismo la misión encomendada en el seno de la Sagrada Familia.