Termina la primera semana del retiro que hace toda la Iglesia Universal llamado la Cuaresma.
Y lo hace con la segunda parte del mandamiento a la perfección, que es lo mismo que decir a la caridad o su equivalente la santidad.
Saludar y bendecir a que nos han hecho mal y a los enemigos gratuitos. ¿Cómo se hace eso? A mí me resulta imposible e incluso una hipocresía.
En cambio, hacerles un bien y rechazar todo comentario negativo, aunque esas personas se lo merezcan.
Me tengo que reeducar.
Si no tienes nada bueno que decir de esa persona, mejor no digas nada. Debo aplicarmelo. Y orar por esas personas.
Y hacer muchas obras de caridad. Nuestra generosidad y ser dadivosos debe exceder a todo nuestro proceder y cultivar el sentir de esta manera, sin esperar compensación, sin publicarlo y sin pedir nada a cambio.
María Virgen y Señora Nuestra en la Cuaresma es nuestra Maestra en su trato a los demás, en especial a los malvados que persiguieron a su Sagrada Familia y mataron a su Hijo en la Cruz. Se tornó más cariñosa aún y presta a ayudar cuando esos malvados fueron perdonados por Cristo. ¡Esos malvados somos tú y yo!.

