Maravilloso día penitencial este sábado II de Cuaresma con las lecturas cada año de Miqueas que proclama al Dios que olvida nuestros pecados porque los arrojó al fondo del mar.
Con el Salmo en el que bendice nuestra alma al Señor que sana nuestras vidas por el perdón divino a nuestras culpas.
Concluyendo con la Parábola más famosa de todas: el hijo pródigo y su Padre Todo misericordioso que sacrifica para todos a su mejor res para anunciar a todos la alegría de que siempre es posible arrepentirse y conveetirse, tanto de una vida desenfrenada como de la dureza y falta de amor por los demás.
Rogamos a María Virgen, Reina de la Santas Mártires, de las más Insignes de los primeros tiempos de la Iglesia, por todos los que se preparan para la recibir los Sacramentos en la próxima Pascua, por los que sufren a causa de la violencia, guerra y opresión de los malvados, por las madres que requieren de lo más básico para alimentar y cuidar a sus hijos, por la hora de nuestra muerte, para estar preparados a dar nuestra sangre por Cristo, su Iglesia y la humanidad.

