La Pascua de Jesús en la que se alimenta a las multitudes nos moviliza, pero no nos exime de atravesar por peligros, pruebas que superan nuestra capacidad y de enfrentar nuestros más profundos miedos y temores.
Tenemos que tomar decisiones importantes. Ser adultos y personas de madurez cristiana implica el tomar posturas y decisiones solos, y nos invadirá la sensación engañoza de que el Señor no está en la Barca de su Iglesia.
Desechemos esas oscuridades y pensamientos turbios de nuestra mente.
Hemos de ir a la otra orilla tras navegar por otros mares, desechar toda carga pesada e innecesaria. Una multitud incontable nos necesita. No perdamos el tiempo, alma y energías en quienes desprecian al Pan que se parte y reparte en la Pascua, al Cordero que ahora se inmola en la Mesa de los hijos de Dios.
María en la otra orilla nos espera tras la travesía que implica ser parte de la tripulación que tiene a Jesús por Capitán.

