Las dos posturas más antagónicas en lo político, lo religioso y laboral eran la farisea y la publicana.

La primera degeneró en la hipocresía de la fama partidista religiosa y la segunda en una idolatría del dinero obtenido a toda costa del sufrimiento de sus compatriotas.

La Parábola propia de San Lucas se centra en la oración de ambos. En esta ocasión, el fariseo está en una situación de opulencia y alarde de sus prácticas religiosas y el publicano se encuentra en una situación crítica y de debacle total.

El primero manipula la práctica religiosa para sus fines. El segundo está desesperado y sin méritos propios. Aún más, reconoce que ha llevado la vida de un asaltante y opresor de su pueblo.

Probablemente este publicano será Zaqueo, quien aparece a seguidas, únicamente por igual, en el Evangelio de San Lucas.

Nos toca desarmar y desecha en nuestro mundo todo lo falso, fraudulento, injusto, acaparador y opresor.

Nuestra oración, en especial la Liturgía ha de ser la de los últimos lugares, con la cabeza y perfil más bajo, y dedicar el cuádruple a los que son explotados, maltratados y despreciados por nuestro entorno en esta sociedad que conformamos.

¡No nos dejemos engañar más! Está es la verdadera religión.

Cristo, la Virgen y San José nos ayuden por la Sagrada Comunión a entender y aplicar este Evangelio de hoy.