Después de la jornada misionera de Jesús y sus Apóstoles, han de ir a un lugar apartado, reponerse y orar.
Salir del activismo, volver a ser personas normales y buscar equilibrio de vida. Así nosotros en la misión que cada día hemos de realizar.
El problema actual es la corriente de vida que solo busca un disfrute a toda hora, incluso en la vida eclesial, la buena vida como aspiración. Y el otro extremo lo hemos vivido tantos, darlo todo y a toda hora quedamos exhausto e incluso afectados en tantos aspectos de la salud.
Pidamos a María Virgen, Madre de Cristo, Nuestro Buen Pastor, presente en la Eucaristía que alimenta para vida eterna a las multitudes que llevemos una vida equilibrada en el servicio libre de toda mundanidad y búsqueda egoísta.
Urge en estos días esa enseñanza de la fé eclesial: su doctrina, moral y puesta en práctica en la caridad con los que están con toda clase de necesidades básicas, régimen de vida y planes de desarrollo y mejoría en sus familias.

