Después de la primera resurrección de Lázaro, el hogar de los hermanos de Betania se convirtió en lugar de peregrinación. Muchos Iban por curiosidad.

Otros tantos con corazón oscuro con críticas, oportunismo y sin ningún propósito de compromiso con la Comunidad Eucarística que allí conformaron Marta y María, Santas Hermanas y junto a Lázaro, los amigos de Jesús.

Ha muerto el Uno por su pueblo. A Él celebramos en esta Eucaristía. De nada le valió a los mercuriales sacerdotes, a los fariseos acaparadores y a los oportunistas escribas eliminar a Jesús y disgregar su Comunidad Apostólica. Los Romanos destruyeron a la nación elegida por la infidelidad de los gobernantes del Pueblo de Dios a la leyes y mandatos de la Alianza.

La cuidad de Efrain se convirtió en el refugio de la Comunidad de Cristo. Más, la Semana Santa siempre llega. Nadie lo puede evitar. Incluso aunque prohíban su celebración.

Para siempre ha sido consumada la hora. Cada persona con su muerte se une o no a la muerte del Señor en su Cruz. Mejor es pasar por la muerte con Cristo. Es la única garantía de resucitar.

¡Qué la Virgen María nos permita vivir esta Semana Santa en recogimiento, paz y profunda Comunión con el verdadero servicio humilde sin aspavientos de la Iglesia!