Concluimos hoy la proclamación de los Hechos de los Apóstoles, como cada Pascua de Resurrección, con la indicación de que la Iglesia continúa su misión de anunciar y enseñar a su Señor Jesucristo a todos, tal como lo hizo San Pablo.
A San Pedro le toca en dicha ser indulgente con todos los hijos de la Iglesia, con el Discípulo Amado para seguir al Señor.
No morirá el Discípulo Amado, a diferencia del que entregó al Hijo del Señor.
Demos gracias por la Tradición de la Iglesia, tesoro custodiado por el Magisterio, que nos comunica lo que Jesús hizo y dijo para nuestra salvación.
El 24 de mayo celebramos a María Auxiliadora. Lo haremos hoy, porque mañana es Pentecostés, el día de la Iglesia. A ella pedimos el cese de la guerra en Ucrania y el resto del mundo.
San Juan Bosco, su vidente, nos dijo: «La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana.»
Le pedimos un Nuevo Pentecostés, la liberación de la Iglesia.

